Estimulación Temprana ¿Buena o Mala?

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Este concepto nace en los años 50 como resultado de la búsqueda del establecimiento de derechos y el reconocimiento de los niños y planteaba una serie de programas para menores con discapacidades físicas y mentales, lo que con el tiempo se fue popularizando con talleres  para estimular y acelerar procesos en el desarrollo de los infantes, con lo cual hoy los padres nos vemos día a día bombardeados con publicidad que nos dice que hoy ya vamos tarde con nuestros pequeños sino empezamos a estimularlos desde el embarazo……

Sin embargo, hoy vivimos en un mundo hiperconectado y sobreestimulado donde los cambios y la información van a una velocidad vertiginosa y desde los niños hasta los adultos vivimos en la hiperactividad con un claro déficit de atención y concentración debiendo posteriormente  aprender a reentrenar nuestro cerebro para recuperar la capacidad de autocontrol de nuestra mente, con lo cual claramente hay algo que no estamos haciendo bien.

Aunque como padres sabemos que los primeros años de nuestros hijos son decisivos para un desarrollo integral saludable, el estar expuestos de forma permanente al mercantilismo de la estimulación temprana y la necesidad de entretenerlos todo el tiempo nos puede llevar a sobrecargar sus agendas con un sinnúmero de actividades guiadas y planificadas.

Cayendo de ésta manera fácilmente en la sobreestimulación, con la buena intención de que nuestros pequeños sean personas exitosas con una alta formación académica, pero olvidándonos en muchas ocasiones de comprender sus necesidades vitales como seres únicos y el respeto de sus propios ritmos y procesos de crecimiento y aprendizaje.

Es así como ya los expertos en educación nos advierten de estar exponiendo a nuestros hijos a estímulos excesivos y precoces que no permiten tiempos de descanso para procesar lo aprendido con mayor riesgo de estrés, hiperactividad y deficiencias permanentes en la capacidad de aprendizaje a lo largo de la vida.

Sin desconocer que la estimulación es necesaria, ésta no es garantía de éxito personal, por lo cual debemos apelar a nuestro sentido común con la misma, reconociendo cuál es la dosis y el tipo de estimulación adecuada para nuestros hijos, permitiéndoles tener momentos para compartir en familia donde el amor incondicional esté siempre presente, realizar quehaceres que alimenten su autoestima y sentido de responsabilidad y vivenciar sencillas experiencias que les permitan disfrutar de las pequeñas cosas sin perder su curiosidad y capacidad de sorpresa.

Así mismo contar con oasis de paz, calma y sosiego para procesar todos los estímulos y la información adecuadamente, el juego libre que potencie su creatividad abriéndole la puerta al aburrimiento que los motive a explorar y autorregularse sin las gratificaciones inmediatas de la exposición a pantallas ni la saturación de juguetes.

Teniendo como premisa que lo importante no son los objetos sino el juego imaginativo que les invite a socializar y compartir espacios donde puedan reconocer, expresar y aprender a manejar adecuadamente sus emociones sin depender de estímulos externos para gestionar su felicidad.

“Antes de casarme tenía seis teorías sobre el modo de educar a los niños. Ahora tengo seis hijos y ninguna teoría”

John Wilmot

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Photos by Robert Collins and Alexander Dummer on Unsplash

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