¿Nos Sirve la Queja?

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Todos nos quejamos como una forma de escape en algún momento y es normal como parte de la experiencia humana. Amaneció lloviendo, hay mucho tráfico, nuestro jefe, el gobierno, el perro del vecino que volvió hacer popo en nuestro césped, lo mal que nos atendieron en algún sitio, la canasta familiar que volvió a subir de precio, el dinero que no nos alcanza, la corrupción, así la lista continúa y puede ser infinita.

Indudablemente los problemas en el mundo son complejos y hoy sabemos por nuestra historia que nuestros derechos nunca están garantizados y que la queja es el principio de una protesta reivindicativa pues ciertamente ha sido parte importante del progreso social, pues la mayor parte de las luchas tienen su origen en ella.

Sin embargo, en nuestra vida cotidiana, ¿Qué sucede cuando éstas inconscientemente se vuelven omnipresentes y empiezan a inmiscuirse en casi cada momento de nuestra vida a través de pequeños lamentos? Poco a poco nos acostumbramos a quejarnos porque ciertamente implica beneficios, exteriorizamos nuestro malestar, frustración, emociones y pensamientos negativos; llamamos la atención y generamos la empatía de los demás que tienen la misma queja; nos victimizamos endilgando la responsabilidad y culpando a otros y hasta nos sirve como tema de conversación, el problema es que a pocos de nosotros el acto de quejarnos nos motiva a la acción para resolver los problemas.

Es así como cuando nos quejamos,  simplemente bombardeamos nuestro cerebro con información pesimista que crea una espiral negativa que sin darnos cuenta va alterando nuestro estado de ánimo y generando el hábito de ver el mundo que nos rodea sólo desde la queja y es por ello que centramos nuestra atención en todo aquello de lo cual nos podamos quejar, por lo cual cuanto más nos quejamos más motivos encontraremos para seguirnos quejando. Entonces sin ser conscientes la queja sólo se vuelve una declaración inútil en nuestra vida que no cambia nada, drena nuestra energía, impregna nuestro ambiente de negativismo contagiando a otros, nos produce estrés y ansiedad y desperdicia nuestro tiempo para la acción.

En éste orden de ideas, cuando decidimos conscientemente dejar de quejarnos, reencontraremos los caminos neuronales que nos llevan aceptar que aunque no podemos cambiar las circunstancias o las personas, si depende totalmente de nosotros la percepción y la actitud que asumimos ante la vida, trascendiendo la etapa del idealismo utópico de la queja al actuar decididamente en aquellas cosas que si podemos contribuir y enfocando nuestra energía en encontrar las soluciones que desde nuestras posibilidades puedan verdaderamente transformar positivamente nuestra existencia y la de los demás.

“No busques faltas, busca soluciones, cualquiera puede quejarse”

Henry Ford

Photos by Andre Hunter and Alex Iby on Unsplash

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