¡Vive tu Vida!

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La mayoría de las personas entendemos la insanidad que conlleva compararnos con los demás y somos capaces de admitir que poco o nada bueno tiene como resultado porque generalmente no lo hacemos desde la admiración o la motivación.  Sin embargo, a menudo y casi imperceptiblemente nos encontramos comparando especialmente todo aquello que podemos ver externamente como el ingreso, el auto, la ropa, la casa o la belleza, lo cual es una carrera de vida sin fin donde la apuesta siempre es perdedora.

Adicionalmente al compararnos usualmente lo hacemos con lo que consideramos peor en nosotros y lo que asumimos es lo mejor en los demás, de ésta manera ponemos el foco en todo lo equivocado, drenando la energía para las cosas realmente importantes para mejorar nuestra propia vida  y haciéndonos sentir personas incompletas, atrayendo sentimientos de inferioridad, envidia y competencia.

Para agravar la situación, éste malsano hábito tiene  hoy en día en las redes sociales su mayor detonante, donde sin ni siquiera salir de nuestras casas, basta con revisar nuestro teléfono para empezar a compararnos y mantenernos enganchados por mucho más tiempo incitándonos a competir permanentemente por lo que tenemos o no frente a los demás.

Olvidándonos por completo que la mayor parte de las publicaciones solo involucran momentos felices o extraordinarios en la vida de las personas con una alta dosis de “maquillaje”, haciéndonos creer que nuestras vidas no son tan interesantes, apasionantes, felices y perfectas como las que publican otros,  reforzando a nivel inconsciente falsas expectativas e irreales estilos de vida, pero que  sin duda nos hacen  sentir unos seres incompletos.

Es así como hacernos sentir sistemáticamente seres incompletos funciona, alienta el consumismo y genera millonarias ventas creando falsos estereotipos y  haciéndonos creer que nunca somos lo suficientemente buenos porque siempre nos hace falta algo, un nuevo título, más belleza, mejor salud, un empleo con más sueldo, una pareja, perder kilos, un auto de lujo, una casa más grande, un nuevo vestuario, la última tendencia de decoración; información que sin darnos cuenta va quedando albergada en nuestro subconsciente  a través de la exposición recurrente a los medios que mediante la publicidad intencionalmente apelan a todos nuestros miedos e inseguridades.

Al vivir en una constante competencia con los demás hace que igualmente queramos encajar a la fuerza en alguno de los estereotipos sociales, proyectando una imagen de nivel de vida superior y un estatus que va en contravía a las posibilidades económicas reales que tenemos, teniendo como efecto colateral que tengamos en adición bajos o nulos niveles de ahorro para solventar cualquier circunstancia adversa e incluso que caigamos en peligrosos niveles de endeudamiento, ya que nunca el dinero será suficiente para competir en ésta carrera, pues siempre habrá alguien con más títulos, más bello, con un mejor ingreso, una casa más grande o un mejor auto.

No importa con quién comparemos nuestra vida, sus circunstancias siempre se verán mejor y por eso nos comparamos, pero por éste camino siempre llegaremos al final corto, donde no profundizamos en la trayectoria, los fracasos, el esfuerzo y el trabajo que le ha costado a esa persona llegar allí y sólo nos enfocamos en sentirnos miserables por nuestras carencias, haciéndonos además creer que la felicidad está en lo que creemos que ahora no tenemos, privándonos por completo de ver la abundancia en nuestra vida y de una actitud de gratitud y satisfacción por lo que ya somos, hacemos, hemos logrado y tenemos.

Hay muchos ámbitos donde la competencia es relevante, sin embargo, la vida no es una de ellas y al entender que su objetivo no es ser mejor que los demás sino ser una mejor y más auténtica versión de nosotros mismos pondremos nuestra atención y energía en la persona correcta, nosotros mismos, reconociendo que somos seres especiales y cada individuo es único; que aunque no seamos buenos en una cosa, somos extraordinarios en otras; que la riqueza o la pobreza material son estados cambiantes, que las etiquetas, los roles, los cargos y los títulos no nos definen ni son lo que somos, que la belleza física no dura para siempre y que la felicidad no nos la puede dar nada externo sino que está en encontrar el equilibrio interior y desde allí vivir siendo nosotros mismos.

“Tú eliges hacia dónde y tú decides hasta cuándo, porque tu camino es un asunto exclusivamente tuyo”

Jorge Bucay

Photo by Artem Beliaikin on Unsplash  Photo by Jurica Koletić on Unsplash

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