“Los Hijos del Carnaval”

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El Carnaval es una celebración que tiene lugar antes de la cuaresma cristiana e inicia con el Miércoles de Ceniza, con cierta variación de fechas dependiendo la región, pero sin duda una de las fiestas más populares en muchos países, donde en medio del jolgorio conlleva los excesos que produce un pico de embarazos y sus correspondientes partos nueve meses después, chicos nacidos en octubre o noviembre que se les conoce como “los hijos del Carnaval”.  Yo misma podría ser una hija del carnaval…jocosa historia que me puso a pensar ¿Qué implica tener un hijo? y ¿Qué tanto nos cambia la vida?, más aún cuando nos toma por sorpresa y podemos sentir que no estamos preparados.

Aquellos que somos padres sabemos que tener un hijo transforma la vida por completo, ya que por encima de otros anhelos, éste tal vez es el más memorable por la importancia que tiene en nuestra vida. Es así como lo hayamos pensado mucho o poco, planeado o no planeado o nos sintamos o no preparados, ser padre o madre será sin lugar a dudas nuestra aventura más sublime.

Ahora bien, aunque tomar la decisión consciente de ser padres ciertamente nos facilita el camino, todos sabemos que dicha resolución no es lo que podríamos llamar estrictamente racional pues conlleva una alta dosis emocional y aunque es una determinación altamente personal se ve afectada por una combinación de nuestro reloj biológico, presión cultural, preferencia individual y de pareja e indudablemente involucra una alta dosis de intrepidez financiera.

Es una decisión que trasciende nuestro ego, va mucho más allá de lo que piensen u opinen los demás, de prepararse físicamente, tener los medios materiales o buscar el momento adecuado, pues aunque todo lo que logremos preparar previamente será de gran ayuda, lo verdaderamente importante es tener claro que es en principio un privilegio poder tomar dicha decisión y hacerlo desde la consciencia de que estamos dispuestos a interiorizar el cambio, con voluntad realizar los ajustes que sean necesarios y asumir por completo la responsabilidad por esta nueva vida.

De ésta manera cuando nuestro hijo llegue como llegan todos los niños, con una fuerza avasallante en nuestra vida, podremos sacar los recursos personales necesarios, pese al cansancio físico y emocional continuar manteniendo nuestra dedicación 24/7, contar con una inagotable paciencia para seguir sus ritmos, volvernos niños otra vez para jugar y  tener la flexibilidad necesaria para adaptarnos a cada etapa de sus vidas.

 Sólo desde éste equilibrio podremos reconocer y entender que nuestros hijos no son una extensión nuestra y respetar su individualidad, educar desde el amor y sentirnos profundamente agradecidos, bendecidos, satisfechos, felices y plenamente realizados en nuestro rol y aprender lo que nuestros hijos nos vinieron a enseñar pues algo maravilloso que descubrí siendo madre, es que al abrazar nuestro papel, todos los padres terminamos de alguna manera creciendo, evolucionando y siendo una mejor versión de nosotros mismos al lado de nuestros hijos.

“Enseñarás a volar pero no volarán tu vuelo, enseñarás a soñar pero no soñarán tu sueño, enseñarás a vivir pero no vivirán tu vida.  Sin embargo, en cada vuelo, en cada vida, en cada sueño perdurará siempre la huella del camino enseñado”

Madre Teresa de Calcuta

Photos by Douglas J S Moreira and Aditya Romansa on Unsplash

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