¿Endeudarse o No Endeudarse? Lo que aprendí de las Deudas…

 

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A los 17 años tuve mi primera tarjeta de crédito, para mis 19 ya tenía 3 y 2 créditos, uno para pagar mis estudios universitarios, otro para adquirir un carro y a los 26 contaba ya con un hipotecario.  Desde entonces las deudas han sido una constante en mi vida.  Si quieres saber qué he aprendido de ello….Continúa leyendo…

Recuerdo muy bien mi primera tarjeta porque en un pasillo de mi universidad me la ofrecieron, sin siquiera pensarlo llené la solicitud con total incredulidad de que a mi edad y sin ningún ingreso me la fueran a otorgar sin embargo, para mi sorpresa a los pocos días tenía el plástico en mis manos. Por el temor de no poderla pagar, lo que más allá del miedo era una certeza en aquel momento, la utilicé muy poco y años más tarde la cancelé pero aún guardo un especial recuerdo de la misma porque siendo aún una adolescente me hizo sentir la ilusión de que entraba en un mundo adulto e independiente.

Con las otras 2 tarjetas de crédito la historia fue un poco diferente, ya me encontraba trabajando y sentía aquella falsa seguridad de que podía con mi salario cubrir mis gastos, pero aun siendo tan joven empecé a perder un poco el control de lo que realmente ganaba y lo que me podía permitir comprar, agravándose aún más la situación por la facilidad que el dinero plástico me daba para consumir.

Adicionalmente me encontraba pagando el crédito de mi primer carro, con lo cual sin hacer muchas matemáticas, era fácil deducir que lo que ganaba me alcanzaba sólo para cubrir mis gastos cotidianos y pagar éstas obligaciones, lo cual me empezó mes a mes a generar el estrés de vivir cheque a cheque.

Percatándome en ese momento de que vivía angustiada porque sentía que solo pagaba deudas pero no tenía nada, ya que con las tarjetas había caído en el consumismo producto de la inexperiencia y la inmadurez y el carro del cual había pagado solo un pequeño porcentaje pues la mayor parte de lo que pagaba eran intereses, día a día perdía su valor y sólo me generaba gastos.

 Para mi fortuna en ese momento recibí una oferta para un trabajo mejor y la liquidación laboral que recibí de mi anterior empleo la vi como la oportunidad que necesitaba para dejar a un lado las deudas, con lo cual las pague y cancelé las tarjetas, fue como un respiro en aquel momento y arranqué nuevamente. Empero, aún me quedaba la deuda estudiantil que empecé a pagar una vez finalice mis estudios, con lo cual los siguientes años debí restringir al máximo  mis gastos para poder cumplir con el pago de ésta deuda.

Pese a que hasta ese momento la experiencia con la deuda distaba mucho de ser buena, en éste punto y en contravía con la decisión que toman muchas personas que pagan la totalidad de sus deudas y juran no volverse a endeudar, yo tomé la decisión opuesta al convertirme en una experta en crédito, tomar decisiones informadas, poder determinar si éstas eran convenientes o no y apalancarme de las deudas para construir mi patrimonio, en lo que seguramente mi experiencia laboral tuvo mucho influencia al ver como muchos de mis clientes se aliaban con el crédito, trabajaban con las entidades financieras como sus principales socios y construían su riqueza apalancados con deudas.

Fue así como a través de la experiencia de otros y de mi propia experiencia aprendí que el endeudamiento es simplemente un medio para lograr un fin y que la connotación negativa o positiva depende exclusivamente de lo que nosotros decidamos hacer con él, con lo cual lo asimile en mi vida de una manera práctica y simple, «la deuda buena es la que no tengo que pagar yo y la deuda mala es la que yo pago»

Para explicarme mejor, si el dinero producto de un crédito que tomaba lo utilizaba para comprar un vehículo para mi uso personal, ropa, joyas, viajes o incluso un inmueble para uso como vivienda propia, ésto era deuda mala porque yo debía pagar la totalidad de éste crédito y el bien adquirido no podía considerarlo un activo. Ahora bien, si el uso que le daba a esa deuda era para la compra de un vehículo que me generaba ingresos por algún tipo de servicio de transporte, un inmueble que me generaba una renta o un negocio que generaba un retorno de inversión suficiente para pagar el crédito y generar una ganancia, éste constituía para mí una deuda buena porque no lo pagaba yo y me permitía a través de los activos construir un patrimonio.

Sin desconocer por supuesto que la mejor opción que tenemos es ahorrar e invertir cuando contamos con el dinero, sin embargo y aunque estoy totalmente de acuerdo con ello, personalmente soy muy impaciente para poder esperar por varios años lo que me implicaría ahorrar el monto de dinero que requería  y muy impulsiva para tener la disciplina de hacerlo, con lo cual ver materializadas mis inversiones en el corto plazo a través del crédito me daba la sensación de logro y la motivación suficiente para trabajar por los ingresos y poder pagar los créditos rápidamente y de forma anticipada, ya que al tomar una decisión consciente, el estrés de tener una deuda inspiraba en mi la pasión, centraba mi atención e impulsaba las acciones para cumplir con este objetivo.

Es así como tras más de 20 años de experiencia crediticia, hoy doy gracias a los créditos porque sé que en mi caso personal a través de ellos he logrado comprender que es realmente invertir, alejarme del consumismo y evitar los gastos superfluos al enfocar mi energía en lo realmente importante, balancear lo que quiero con lo que realmente necesito, posibilitándome así la oportunidad de construir el patrimonio del cual recibo parte de los ingresos que actualmente me permiten vivir bien, con lo cual sólo puedo concluir que las deudas no son malas, siempre y cuando seamos responsables, conscientes y nos encontremos plenamente informados cuando tomamos ésta decisión.

“El riesgo proviene de no saber lo que estás haciendo”

Warren Buffett

 

Photos by Clay Banks and Cytonn Photography on Unsplash

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