¿Cuánto Dinero Tiras a la Basura?

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Hace unos días estuve revisando las fechas de caducidad de los productos en mi cocina, lavandería y baño, ejercicio que realizo frecuentemente y como en cada ocasión que lo hago, tuve que tirar a la basura varios de ellos. Situación que aunque he disminuido, siempre ocurre.  Esta vez además, me propuse analizar en cuantos escenarios de mi vida cotidiana estaba haciendo lo mismo, literalmente  ¡Tirando mi dinero a la basura!

Me di cuenta entonces que me preocupaba por darle un uso racional a mi dinero, hacer un gasto moderado del mismo, aprovechar al máximo los recursos y de paso ahorrar algunos pesos pero, generalmente me focalizaba sólo en la estrategia de obtener el  mejor precio sin notar el desperdicio, que empecé a combatir.

La palabra desperdicio es ampliamente utilizada hoy en día en el mundo empresarial que busca como reducirlo y disminuir de ésta manera sus costos e igualmente lo escuchamos frecuentemente también en el ámbito de la gerencia adecuada de los desechos sólidos, que nos invita a pensar más ecológicamente al reducir, reutilizar y reciclar.  Tendencias que sin duda apuestan por algo vital, la sostenibilidad, con lo cual no es nada descabellado entonces aplicarlo en nuestro entorno, lo que en consecuencia tiene un impacto positivo en nuestras finanzas, empezando por detectar las fuentes donde se produce un mayor despilfarro.

Regresando a mi caso, procuro planear semanalmente las comidas, hago una lista de compras que me sirve para llevar a casa sólo lo que necesito y trato de ceñirme a ella,  reduciendo al máximo mis visitas al supermercado para evitar tentaciones, con lo cual contrario a lo que sucedía en la realidad, yo estaba convencida de que mi desperdicio era mínimo.  Sin embargo, había obviado por completo que no soy la única que realizo compras en mi hogar y en muchas ocasiones duplicábamos o triplicábamos las cantidades de un artículo, comprando más de lo que necesitábamos, con lo cual el inconveniente estaba en la comunicación.

Para mi fortuna, en la búsqueda entonces de una solución, encontré un aliado en la tecnología, a través de varias Apps gratuitas donde adicional a crear la lista alineada con nuestro menú semanal, podemos también controlar el gasto, llevando un récord de precios y permitiéndonos simultáneamente compartirla con nuestros familiares, con lo cual ellos también podrán tenerla a la mano si visitan el supermercado.

Otro gran acumulador de desperdicios para mi eran las ofertas, pues quien no ha caído en ellas, cuando en la emoción de encontrar un producto en promoción, compraba sin mirar las fechas de caducidad o la calidad, en artículos que finalmente nadie consumía o usaba, cayendo de ésta manera en los excesos que inevitablemente terminaban siendo basura. Hoy he aprendido que es más eficiente limitarme a los productos y las cantidades que realmente requiero.

Las membrecías y suscripciones que no usaba constituían otro gran despilfarro de dinero, pues aunque la mayoría implican pequeños montos que pasaban de forma imperceptible mes a mes, éstas eran varias y al totalizar su valor anual me di cuenta que no era tan insignificante como pensaba y que con total seguridad le hubiera podido dar un mejor uso a ese dinero.

Igualmente me di a la tarea de revisar con frecuencia el detalle de facturas de servicios, extractos bancarios y pagos de seguros pues sé que allí puede haber alertas de consumo excesivo, errores en el cobro, opciones de renegociar su valor, las comisiones, los intereses u oportunidades de encontrar un mejor proveedor.

Finalmente, hoy trato de ser más consciente de los “gastos hormiga” https://dailymoneytools.com/2018/01/25/cual-es-tu-ingreso/, pues sé que son una fuente de desperdicio, ya que su valor es tan pequeño que podemos pasarlos totalmente por alto en nuestra rutina, pero tan peligrosos que pueden poner totalmente en jaque nuestro presupuesto, con lo cual sin caer en los extremos, he logrado que ya no hagan parte de mi día a día y sólo se den de manera ocasional.

Como vemos, la cultura del desperdicio tienen un alto impacto económico y ambiental pero, no es algo ajeno que deban resolver terceros sino que desde el núcleo de nuestro hogar sufrimos sus consecuencias en nuestro entorno y en nuestro bolsillo, con lo cual empezar por responsabilizarnos por nuestro propio desecho es un buen comienzo para comprometernos a realizar pequeños cambios que no solo repercutirán positivamente en nuestras finanzas sino en nuestro bienestar general, permitiéndonos de ésta manera incorporar tangiblemente el concepto de sostenibilidad en nuestra vida.

«Tierra y agua. Los dos fluidos esenciales de los cuales depende la naturaleza, se han convertido en botes de basura»

Jacques Cousteau

Photos by Jasmin Sessler and Vivianne Lemay on Unsplash

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