¿Cuánto Tienes, Cuánto Usas?

mariya-georgieva-0O6Fv3Ff_XI-unsplash (2)

Te pasa con frecuencia que muchos minutos de tu mañana transcurren pensando que no tienes nada apropiado que ponerte, pese a que tu armario está lleno. Aunque parezca una situación insólita, a la mayoría de nosotros en mayor o menor medida nos sucede y es por ello por lo que muchos estudios han concluido que utilizamos solo el 20% de nuestras prendas regularmente. Una alarma importante si consideramos que podemos estar gastando una cifra superior al 8% de nuestro ingreso en vestuario. Entonces, ¿Cómo podemos sacar partido a nuestro closet y dejar de sentirnos culpables?

Aunque para muchos el vestuario pueda parecer algo superficial, lo que elegimos y decidimos usar en cada ocasión tiene raíces internas muy profundas, toda vez que se relaciona con la forma en la cual nos percibimos a nosotros mismos, la imagen como queremos ser percibidos por los demás, la manera como nos conectamos con el mundo y la funcionalidad y características que queremos adoptar con cada prenda que usamos.

Por esa razón seamos conscientes o no, la forma en la cual nos vestimos tiene una fuerte relación con nuestras emociones y de ahí en la manera en cómo nos comportamos. Así, cuando usamos ropa casual nos sentimos más relajados, sin embargo, al usar unos simples tacones o un traje para una ocasión especial, definitivamente cambia la manera como caminamos y hacemos presencia en un lugar, alterando nuestro proceder. Así es como lo que decidimos usar tiene el poder de modificar nuestra actitud, nuestra conducta y hasta nuestro estado de ánimo.

Por ello, para poder entonces valerse al máximo de nuestro armario, es importante primero conocernos a través de las prendas que usamos todo el tiempo, saber qué es eso que tienen que nos gustan tanto, cómo nos hacen sentir y qué características particulares poseen que nos puedan ayudar a definir cuál es nuestro estilo personal, para así poder seguirlo en nuestras próximas adquisiciones e ir paulatinamente conformando un armario que realmente nos apasione. En contraposición, debemos también identificar cuáles son aquellas que nos hacen sentir fuera de lugar, incómodos y nos bajan automáticamente nuestro estado de ánimo para irlas descartando.

De esta manera, al detectar todas aquellas prendas que nos hacen sentir confiados y seguros, simultáneamente también nos daremos cuenta qué es lo que no nos gusta, siendo conscientes de aquellas que no usamos porque las hemos adquirido de forma compulsiva, ya que posiblemente al momento de comprarlas no encontramos la prenda que considerábamos perfecta pero, en lugar de reusar a hacer la compra, pensamos que: “no podemos desaprovechar una ganga” porque tiene un muy buen precio; nos queda muy ancha o muy ceñida pero “nos las arreglaremos para usarla y no será un problema”; el color, el diseño, la tela, el largo o el escote “no nos gusta tanto pero la haremos funcionar”. Sin embargo, todo aquello que no nos agrada al comprarla, eso que no nos gusta y consideramos menor, es todo lo que justamente en el futuro nos privará de usarla.

Ahora bien, las prendas lujosas o muy caras sin usar merecen un capítulo aparte, ya que como la vajilla fina, los cubiertos de plata, el vino de una cosecha particular o un buen licor, llevan años esperando “la ocasión especial”. De esta manera aunque no nos hayan invitado al evento para el cual es apropiada, al comprarla mágicamente esperamos que aparezca la invitación, tiempo en el cual puede pasar que cuando efectivamente llegue aquel esperado acontecimiento, nuestra prenda se haya deteriorado o su diseño ya no sea apropiado para el momento.

Aunque cueste admitirlo, muchos hemos pasado por convertirnos de manera imperceptible en acumuladores, manía coleccionista que podemos romper en un principio, definiendo nuestro estilo y pasando a la acción al vender, donar o desechar todas aquellas prendas que nos hacen sentir miserables o que en la evolución de nuestras vidas, ya no se identifican con nuestros papeles actuales. Proceso en el cual volveremos nuestro armario más liviano, perdiendo menos tiempo de nuestro día a día eligiendo que usar y dejando a un lado el miedo que se traduce en tener prendas “por si acaso”, confiando en que el futuro siempre nos puede proveer lo que necesitamos, dejando un espacio para que siempre llegue lo nuevo.

Así mismo, actualmente nos podemos valer de la tecnología a través de las APP´s para administrar nuestro closet y crear lo que será “nuestro uniforme”, sin que la palabra tenga una connotación monótona o aburrida, almacenando las fotografías de nuestras prendas por categorías, combinándolas creativamente y clasificando los atuendos que nos encantan por funcionalidad y ocasión, haciendo que rotemos fácilmente nuestro vestuario cada temporada y realmente lo usemos y disfrutemos a plenitud.

Por consecuencia, no tendremos la sensación, de que siempre hace falta algo en nuestro armario para que este completo y sea perfecto, y por el contrario espontáneamente nos sentiremos agradecidos por lo que tenemos y solo iremos reemplazando las prendas que se van deteriorando, sin agrandar nuestro inventario. En lo cual las compras por Internet pueden ser también un buen aliado para ello, ya que aparte de ayudarnos a liberar nuestro tiempo para otras actividades, evitamos las tentaciones que tenemos al ir de tiendas, y muchas veces en lugar de comprar, tenemos la opción de guardar en nuestra lista de deseos aquella prenda soñada, por si realmente llega la ocasión especial de usarla; lista que además nos permite dar un tiempo de espera de 48 horas para disipar las dudas, enfriar el deseo y definir si realmente lo que queremos, lo necesitamos, evitando las compras compulsivas.

Finalmente, para beneficiar no solo nuestro armario, sino nuestra billetera, debemos priorizar la calidad sobre la cantidad, ya que entre una prenda tenga mejores materiales y esté mejor hecha, durará más, y como resultado, la valoraremos y la usaremos con más frecuencia, incluyéndola regularmente en nuestros atuendos, sacándole el mayor provecho. De ésta manera, nos sentiremos más cómodos y tendremos menos impulso de comprar, ya que habremos comprobado que al tener un armario liviano, de calidad y que realmente nos ilusione, no tendremos necesidad de hacerlo. Así, no solo nos sentiremos fabulosos, sino que nuestro bolsillo nos lo agradecerá a largo plazo.

“El estilo es saber lo que te favorece, quién eres y cuáles son tus puntos fuertes. También lo es, el aceptarlo todo”

Bianca Jagger

Photos by Atikh Bana and Mariya Georgieva on Unsplash

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.