¿Lo Que Tienes Habla de Ti o De Quién Eras?

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Pocos meses después de cambiar mi país de residencia, aún me encontraba organizando mis cosas en la nueva casa y encontré todos aquellos objetos que me recordaban las personas que amaba, un trabajo entrañable que tuve, mi época de estudiante o unas vacaciones inolvidables. Sin embargo, a pesar de que aquellos objetos los consideraba “especiales”, empecé a sentirme abrumada, pues mis condiciones de vida habían cambiado por completo y por más aprecio que tuviera hacia aquellas cosas, estas ya no tenían relación con lo que ahora era, los papeles que desempeñaba, ni su funcionalidad era la que necesitaba.

Me percaté entonces de todos aquellos objetos que acumulaba, en principio, porque los vinculaba al amor, sin embargo, en un contrasentido, muchos de ellos simplemente los guardaba pero nunca los veía ni disfrutaba, no los usaba y otro tanto ni siquiera me gustaban. Comprendí entonces que contrario a lo que yo creía, el amor no estaba en esas cosas, que además, hubo personas que estuvieron en mi vida y fue agradable que estuvieran en ese momento en ella, pero por  circunstancias, la distancia y la misma evolución de la vida ya no eran parte de mis vivencias.

Empero, con las personas que aún forman parte de mi existencia, entendí que lo importante es el tiempo de calidad que les dedicamos y el amor que compartimos con ellas, con lo cual en vez de acumular las cosas que yo sentía me relacionaban con ellos, decidí fortalecer nuestra relación y tener un vínculo más real, invitándolos a hacer más presencia en mi vida y yo a hacer una verdadera presencia en la de ellos.

Después de este primer aprendizaje, en otra ocasión me encontraba revisando mi closet y pude percatarme que la mayor parte de mi ropa era de aquel papel de ejecutiva con el cual me había identificado durante muchos años pero, en nada representaba lo que ahora era, su funcionalidad no se adaptaba a las actividades de mis cometidos actuales y ni siquiera era apropiado para el clima actual en el cual vivía, fue así como entonces comprendí que inconscientemente a través de estos atuendos estaba aferrada a las etiquetas del pasado, lo que me impedía aceptar mi nueva realidad, reconocer que mi vida había cambiado, adaptarme a ella eficientemente y permitir espacio para que llegara todo lo nuevo que este cambio traería a mi existencia.

En contraste, otra gran cantidad de cosas las tenía “por si acaso” las llegaba a necesitar en un futuro imaginario, pero la realidad me demostraba que la gran mayoría las guardé durante mucho tiempo y nunca se presentó la oportunidad de aprovecharlas. Paradójicamente, no solo me aferraba al pasado, sino que a través de los objetos pude ver con claridad todo mi miedo a la escasez futura y al futuro en sí, lo que en un sentido más profundo era falta de confianza en mis propias capacidades para enfrentar las situaciones inciertas,  sin embargo, con el simple hecho de ser consciente de esto, pude no solo avanzar, sino adaptarme a mis nuevas circunstancias con mayor facilidad y seguir adelante, pues finalmente eso es lo que hacemos día a día, sin importar nuestras circunstancias, estamos aquí porque de una u otra manera hemos sorteado lo que en su momento consideramos grandes retos, nos hemos adaptado con éxito y seguimos adelante.

Ahora bien, instintivamente aun tiendo acumular cosas como un acto básico de supervivencia, sin embargo, la diferencia es que hoy soy consciente de este impulso de acumulación en mi cotidianidad y lo evito, siendo así como a través de priorizar las experiencias, la comodidad, la funcionalidad, la practicidad y mi significado personal de belleza, que erradiqué la saturación en mi vida para permitir toda la magia de lo nuevo, aceptando todo aquello que se presente con humildad como una oportunidad de evolucionar frente al futuro, sin apegos al pasado pero, con un sentido profundo de aprecio y disfrute por lo que ahora soy, hago y tengo, sin sentir que necesito acumular cosas, en lo que como resultado mi vida nunca había sido tan plena.

“Del apego surge el sufrimiento; del apego surge el miedo.  Para aquel que está libre de apego, no hay sufrimiento, ni mucho menos miedo”

Buda

Photos by Felipe Galvan and Luke van Zyl  on Unsplash

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