EN BANCARROTA CON EL TIEMPO…

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Me levanto, me ducho, me visto, me maquillo y me peino; tomo un café, me despido de mi esposo y parto rápidamente para el trabajo, me espera un poco más de una hora conduciendo a mi oficina, dependiendo por supuesto de cómo esté el tráfico. Hay un atasco inesperado en el camino, me desespero y me embarga la rabia porque pese haber salido con tiempo, ya voy tarde.

¡Por fin llego! No tengo tiempo de tomar ni un respiro, debo hacer una operación para la cual solo cuento con media hora y ya tengo varias solicitudes de clientes a través del chat, del correo y en adición una llamada de mi jefe para revisar cómo van los resultados de una campaña. En un abrir y cerrar de ojos transcurrió la mañana, voy a almorzar y un problema me hace interrumpir mi comida pero, para mi fortuna todo se resuelve bien, sin embargo, el agobio del momento me deja agotada.

La tarde transcurre un poco más tranquila, salgo y me esperan una hora y media de tráfico de regreso, llego a casa y como lo hago desde hace unos años, solo puedo pensar en ponerme la pijama, ceno algo, converso un poco con mi esposo y pese a que quisiera hacer algo más, como salir a cenar, ir al cine, tomar una caminata, ejercitarme o leer; la energía no me da más, termino viendo televisión como todos los días y me quedo dormida. Sin embargo, no tengo un sueño tranquilo, pues mi cerebro recapitula todos los acontecimientos del día y me estresa pensar en cómo se resolverán algunas situaciones futuras, de qué manera cumpliré las retadoras metas del mes y en todos los pendientes que quedaron por hacer.

Inmersa en esta rutina transcurrió más de una década de mi vida, en los cuales creí que todo se debía a la falta de tiempo, el tráfico, a mis jefes, a mis condiciones laborales. Así mismo, veía muchos de mis objetivos y planes cómo un sacrificio, lo cual era también una forma de eludir los sentimientos negativos que me producía tener un empleo donde “intercambiaba mi tiempo, solo por dinero”, con un profundo malestar que provenía de la contradicción de hacer las cosas por las razones equivocadas y evadir la responsabilidad de que los resultados que obtenía y el estilo de vida apresurado que llevaba, eran simplemente el producto de las decisiones que tomaba y los compromisos que asumía.

Posicionándome convenientemente como una víctima que siempre se quejaba y culpaba a los demás y a las circunstancias cuando las cosas no salían como yo quería, porque vivía una existencia llena de concesiones continuas y desprendimientos que no quería hacer y miedos para hacer lo que realmente deseaba hacer, que me generaban desequilibrio, vacíos y frustraciones por la contradicción.

Por supuesto, ahora sé que el problema real era que este era un trabajo que no me apasionaba, con lo cual nunca tuve resultados extraordinarios, pero lo hacía dentro de un nivel idóneo para mantener mi empleo y ganar un buen ingreso, ejecución que podría definir como políticamente conveniente para todos. En un ambiente donde ya era reconocida, respetada y me sentía cómoda pues ya sabía qué hacer, las reglas eran claras, todo era “seguro”, previsible, conocido y familiar y me desempeñaba funcionalmente como pez en al agua, en resumen, una vida que trascurría en la monotonía, sin correr riesgos.

Empero, es en esta vida que yo consideraba segura, previsible, conocida y familiar y donde aparentemente todo debía pasar tranquilamente, donde justamente ocurría todo lo contrario, me embargaban el estrés y la ansiedad por la frustración de hacer lo “correcto” por las razones incorrectas, para encajar en los estereotipos sociales, pero no lo que realmente quería.

Sin embargo, pese a lo harta que estaba de todo, nunca tomé ninguna decisión ni actué, ¿Por qué? sencillamente me justificaba, diciéndome a mí misma que no podía abandonar un empleo estable, mi cargo, mi posición, un buen salario, mi carrera y por encima de todo, debía pagar las cuentas…

“La elección, no la casualidad, determina tu destino”

Aristóteles

Photos by Elena Koycheva and Analia Baggiano on  Unsplash

2 comentarios en “EN BANCARROTA CON EL TIEMPO…

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  2. Excelente artículo e ineludible su contenido, todos desde el mismo momento en el que nacemos quedamos a merced del tiempo. Vale conocerlo, en en escrito muy ameno, y muy real felicitaciones.

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