TENGO QUE PAGAR LAS CUENTAS

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En primer lugar, esta fue una de las razones que me llevó a emplearme una vez terminé la universidad, también lo que posteriormente me ató a un trabajo tradicional durante mucho tiempo y ciertamente la responsabilidad de pagar las cuentas, era una realidad innegable en mi existencia, pues todos en algún punto, debemos asumir las responsabilidades derivadas de nuestro estilo de vida y encontrar un medio para cubrirlas.

Al reconocer esto, no tengo arrepentimientos, pues no tiene sentido juzgar en mi presente las decisiones que tomé en el pasado porque el entorno en el cual me desenvolvía y las circunstancias eran diferentes. Tampoco tenía en aquel momento la información, la madurez, ni la experiencia que ahora tengo, con lo cual un trabajo estable fue la opción más viable. Muy estable, hasta que las condiciones de mercado inevitablemente empezaron a cambiar y provocaron que los empleos que antes considerábamos relativamente seguros, ya no lo fueran.

Inestabilidad del mercado, que en aquel momento me producía un profundo temor de perder mi empleo; miedo que incrementaba año a año a medida que iba teniendo una mayor edad, porque pese a que contaba con amplia experiencia en mi campo, era consciente que mi compañía priorizaba la contratación de profesionales más jóvenes, a los cuales podía pagar menores salarios, eficaz estrategia con lo cual disminuían su costo laboral.

Con estas condiciones, fue entonces cada vez más claro que no podía y tampoco deseaba pasar el resto de mi vida siendo empleada, sin embargo, tampoco tenía claro a qué me podía dedicar, cuál iba a ser mi plan de escape y mucho menos cómo ejecutarlo. Pero, anhelaba con todo mi ser descubrir cuál era la sustancia de mi vida, aquello que me hiciera saltar cada día de la cama, priorizar lo realmente importante y trabajar menos, con un propósito real.

Con esta certeza, establecí entonces como objetivo una jubilación anticipada a los 50. Propósito en el cual coincidimos con mi esposo y que partió en aquel momento por revisar nuestra situación financiera, lo cual arrojó que debíamos controlar nuestros gastos y generar un mayor ingreso para lograrlo.

Visión futura y firme anhelo de lograr nuestra independencia que se convirtió en un poderoso motor que nos llevó a pasar del consumismo a una vida con más consciencia, ya que empezamos ahorrar con el fin inicial de invertir en finca raíz para empezar a generar una renta pasiva.

¿Por qué la finca raíz? por nuestros empleos conocíamos las cifras del sector, el mercado hipotecario y los riesgos inherentes al mismo. Ambos continuábamos siendo empleados y nuestra disponibilidad de tiempo era limitada, con lo cual al tener un buen agente inmobiliario, esta inversión no demandaba una mayor presencia.

El dinero que alcanzamos a ahorrar en aquel momento, nos alcanzó para la cuota inicial de un pequeño apartamento y aunque esta primera inversión nos sirvió de vivienda y en estricta definición no se podía considerar una inversión, si fue la palanca de futuras inversiones, las cuales gradualmente con los años pudimos ampliar y empezar a diversificar.

Con el tiempo empezamos a recibir un ingreso pasivo, nuestro nivel de estrés se redujo y la vida misma se volvió más liviana. Motivación personal que nos llevó a ver nuestras circunstancias de vida de una forma diferente y oportunidades de inversión, que antes no percibíamos.

Sin embargo, aún el grueso de nuestro ingreso dependía de nuestros empleos y mi concepto personal de éxito continuaba estrechamente ligado a los posibles ascensos que podía tener en la compañía, la acumulación de riqueza material y algunos patrones de consumo con los cuales había generado apego, para lo cual continuaba trabajando largas y extenuantes horas, sin siquiera poder disponer del tiempo para disfrutar de lo que lograba, poseía o consideraba realmente importante en mi vida, como mi familia.

Sin saberlo aún, me esperaban los más grandes cambios de mi vida.

“Debemos estar dispuestos a renunciar a la vida que hemos planeado para poder vivir la vida que nos está esperando”

Joseph Campbell

Photos by Artem Beliaikin and Alexander Mils on Unsplash

 

 

 

 

 

 

 

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