Una nueva Crisis está en el ambiente….

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Basta con leer la prensa salmón por estos días para saber que una nueva crisis está en el ambiente y esto no debería tomar por sorpresa a nadie, pues si hay algo que podemos afirmar con total certeza es que siempre habrá una próxima recesión, por lo cual las especulaciones son referentes a precisar cuándo, cómo, dónde y por qué.

Sin embargo, con mucha facilidad en las épocas de bonanza solemos olvidar éstas fluctuaciones cíclicas de la actividad económica que tendremos oportunidad de experimentar  no una sino varias veces en mayor o menor medida a lo largo de nuestra vida.

Por lo cual partiendo de que tenemos claro que la crisis está en camino debemos asumir la responsabilidad e ir construyendo una base sólida para que en vez de ver la próxima recesión desde una posición de víctimas pasando al grupo de la queja que aún confía en que el Gobierno de turno resuelva la situación; pongamos nuestro plan en marcha desde ya y empecemos atacar nuestros puntos débiles.

Aunque suena muy obvio un buen comienzo para prepararnos es empezar por eliminar el hiperconsumo y dejar de gastar por encima de nuestras posibilidades, vender los bienes materiales que no necesitamos y que lejos de ser una inversión son una fuente de gastos, priorizar lo realmente necesario e importante y si aún no lo tenemos, destinar unos recursos para un fondo de emergencias.

Es posible que una crisis afecte el sector donde trabajamos o nuestro negocio, por lo cual bien vale la pena empezar a crear nuevas fuentes de ingresos aún si en el momento creemos que no las necesitamos, teniendo la tranquilidad de ser cada vez menos dependientes de un empleo o una única actividad.

Ahora bien,  si  ya tienes tus preparativos en marcha y tu plan está en acción, tal vez seas de aquellos que logre amasar una gran fortuna cuando todo salga desesperadamente a la venta.

“Sólo cuando baje la marea, sabremos quién estaba nadando desnudo”

Warren Buffett

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La Magia del Buen Humor

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Cuando está a punto de finalizar un año, tendemos a sentirnos un poco nostálgicos y recordar varios momentos de nuestras vidas entre los cuales rememoré un maravilloso periodo en el cual estuve trabajando en la ciudad natal de mi madre en el Caribe, donde el buen humor está impregnado en la cultura y hace que el diario vivir sea más ligero, alegre, menos solemne y hace que la vida fluya distendida y agradablemente.

Siempre he admirado profundamente las personas con buen humor porque es algo que no se me da naturalmente, y cuando hablo de buen humor no me refiero simplemente a los chistes, sino aquella exquisita característica en el carácter que se refleja en una actitud de tolerancia que empieza por uno mismo, esa estupenda capacidad de relativizar las dificultades y los acontecimientos externos y permite no tomar las cosas de forma personal.

Sin embargo en nuestras sociedades vivimos con mucho afán por tener la razón y nos enfrentamos por tenerla, especialmente si detrás hay intereses económicos, ego, dogmas o poder, es entonces cuando el buen humor abre un espacio para mirar el mundo con otros ojos, elegir libremente desde qué posición queremos ver la vida y enriquecer nuestras posibilidades para abordar nuestros problemas desde una perspectiva diferente convirtiéndose en un gran recurso ante la adversidad.

Lejos del tinte de superficialidad con el cual se puede ver el humor en muchas ocasiones, éste denota una gran inteligencia al hacer un comentario oportuno que pone la nota de color en cada momento, es el camino para empezar a relativizar todo, ser más flexibles, reírnos de nosotros mismos y propiciar el autoconocimiento y la autocrítica.

El buen humor nos permite mejorar nuestra relación con los demás, ya que es un espacio humano para conectarnos genuinamente y debatir de forma más creativa, ya que la risa relaja, desbloquea un momento incómodo, lima asperezas, acerca, es contagiosa y propicia la comunicación al captar de inmediato la atención de nuestro oyente.

Finalmente aparte de los beneficios que conocemos para nuestra salud, el buen humor al igual que consumir chocolate, estar enamorados o tener un orgasmo, libera endorfinas que tienen un efecto analgésico en nuestro organismo y aumentan nuestra sensación de bienestar y felicidad en la vida, sin olvidar que no hay nada más frugal pues ¡Es completamente gratis!

“Un día sin reír es un día perdido”

Charles Chaplin

¡Ignora a los demás!

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Una de las etapas en la cual sentimos mayor vulnerabilidad es sin duda la adolescencia, donde tenemos esa sensación de malestar, intranquilidad y temor de no sentirnos suficientemente atractivos, inteligentes, apreciados y aceptados en nuestros grupos sociales y emergen todo tipo de inseguridades que pueden incluso trascender a la edad adulta adoptando muchos mecanismos de defensa como la timidez, el aislamiento social y la paranoia.

Así mismo, las inseguridades pueden también alentar conductas compensatorias como la arrogancia, el narcisismo o la agresividad que en muchos contextos se materializan a través del dinero y lo que en la adolescencia podía simplemente ser el deseo de exhibir los tenis de moda, en la edad adulta se convierte en la necesidad de mostrar que tenemos el mejor cargo, la casa más grande, el carro más costoso y podemos permitirnos ciertos lujos.

Es claro que todo lo material nos permite una mejor calidad de vida y nos brinda bienestar cuando no pretendemos encontrar nuestra felicidad en ello o compensar nuestras inseguridades adquiriendo objetos no para nuestro disfrute sino para impresionar a los demás, con una necesidad permanente de demostrarles lo exitosos que somos a través de los bienes que poseemos en un vano intento de negar la falta de confianza en nosotros mismos.

 Cuando usamos el dinero como medio de defensa, nos encontraremos trabajando solo para obtenerlo en ocupaciones que aborrecemos y nuestros gastos tenderán a crecer al mismo ritmo en que aumentan nuestros ingresos.  No será una sorpresa entonces que gastemos cada vez más, ya que el dinero siempre será poco en un contexto de comparación permanente con los otros, pues nada material será suficiente para cubrir nuestras inseguridades.

Para evolucionar en la vida y realmente hacernos responsables ¡hay que parar esto!, nuestra felicidad debe ser nuestra prioridad y la confianza en nosotros mismos es el primer paso que nos abrirá la puerta.

Si tienes muchas inseguridades, ¡bienvenido al club! solo eres como el resto de todos los mortales, pues todos los seres humanos hemos vivido alguna clase de inseguridad a lo largo de nuestras vidas pero éstas pueden ser superadas siendo conscientes que son una cuestión de perspectiva con una gran carga de creencias subjetivas sobre nosotros mismos que pueden ser transformadas.

Para ello debemos empezar por olvidarnos de compararnos con los demás entendiendo que sus juicios, creencias, opiniones y sus vidas no son de nuestra incumbencia y al ignorar sus comentarios o actitudes no por descortesía sino entendiendo que son su forma de entender y percibir el mundo, nunca los tomaremos de forma personal impidiendo que nos afecten.

No está en nuestro ámbito de control la forma en que juzguen y actúen las demás personas, pero si está totalmente bajo nuestra elección la reacción que asumimos y la importancia que le damos a lo que los demás piensan de nosotros o desde nuestra percepción lo que creemos que piensan de nosotros.

Cuando decides enfrentar tus inseguridades, confiar en ti y ser feliz, los juicios y opiniones de los demás dejarán de ser importantes y el dinero ya no será un medio para deslumbrarlos, sino que pasará a ser realmente un recurso a tu favor para materializar tus sueños.

“Nunca te preocuparías por lo que la gente piense de ti, si supieras que tan poco lo hacen”

Olin Miller

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Todo es Temporal

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Ad portas de un nuevo año es inevitable sentir el paso más rápido de los días y la nostalgia del proceso de dejar ir, como cuando en el otoño los arboles pierden sus hojas preparándose para el invierno pero luego emergen aún con más belleza y esplendor en la primavera.

Todos sin excepción estamos sujetos al cambio y aunque dejar ir lo que no nos están sirviendo para nuestro bienestar debería ser un proceso natural, la mayoría resistimos el proceso a través de los apegos a las personas, los objetos, los roles, el estatus, los cargos, los sitios; en un camino fútil de buscar la felicidad duradera en todo aquello que es transitorio.

Los apegos al pasado nos pueden llevar a sentir rabia y resentimientos por lo que consideramos que alguien nos hizo, descontento y sufrimiento por alguna situación difícil que tuvimos que atravesar, culpas y remordimientos por lo que creemos que debimos haber hecho y no hicimos, llevándonos a ver nuestra realidad desde creencias, juicios, opiniones y conceptos ya obsoletos y mantenernos anclados en una actitud de lamento sobre lo que ya no tenemos opción de cambiar pero si de superar.

Por el contrario, el apego a algo que no tenemos y creemos que nos hace falta para ser felices nos lleva a proyectar nuestra vida en el futuro por la convicción de lo que nos traerá o hará de nosotros, generándonos una sensación presente de ser seres incompletos, llevándonos a vivir en la ansiedad y el estrés de no tenerlo, la preocupación permanente de cómo obtenerlo y el miedo a nunca llegar a conseguirlo o perderlo.

Al aceptar esta perspectiva de temporalidad y comprender que es inútil aferrarse a algo ya que todas las cosas vienen y van en nuestra vida, seremos conscientes de nuestra propia inpermanencia y la de nuestros seres queridos, centrando nuestra atención en vivir realmente el presente, disfrutando y agradeciendo por cada momento.

Aunque el cambio es permanente, es inevitable ver un nuevo año como una oportunidad de dejar ir el pasado y trazar una nueva ruta de vida sin apego a las expectativas reconociendo que nunca hemos tenido ni tendremos nada bajo nuestro control, viendo los desafíos como lecciones para aprender y trascender, adaptándonos de mejor forma al cambio al fluir naturalmente con la incertidumbre, relajándonos y viviendo cada experiencia presente con plena consciencia de que así la juzguemos como positiva o negativa para nosotros, ésta siempre es temporal.

“Ningún hombre puede pisar dos veces el mismo río, pues nunca es el mismo río y nunca es el mismo hombre”

Heráclito

 

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“El Error”

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Muchos años de mi vida los pasé creyendo que el perfeccionismo era una de mis cualidades, hasta que me di cuenta del alto costo que tenía al hacerme ser rígida en mi pensamiento, muy crítica conmigo misma y con los demás, incansable, implacable y fácilmente irritable lo que en la vida práctica se ve reflejado en  infelicidad, agotamiento, intranquilidad, ansiedad y estrés por la poca tolerancia al error.

Paradójicamente se nos prepara, se nos compara permanentemente y se nos educa para la perfección que aunque sabemos que no existe, inconscientemente  tenemos muy arraigada en nuestro subconsciente colectivo y nos hace pasarla muy mal por nuestra pésima relación con el error que nos lleva a autocriticarnos, desconfiar de nosotros mismos y creer que no somos suficientes tras una equivocación.

Pese a que en nuestra sociedad se fomente la competitividad y se celebre la perfección lo cual no tiene nada de malo, perseguir ser perfecto es absolutamente innecesario ya que no tiene sentido alcanzar la excelencia a costa de la felicidad y por el contrario puede afectarla cuando al querer alcanzar lo imposible se hacen recurrentes las creencias de fracaso que no son realistas lo que nos lleva a sentir culpa por una ejecución que consideramos que no está a la altura,  afectando nuestra autoestima y centrando nuestra visión en lo que nos hace falta y no en lo que ya tenemos.

Contrario a lo que se puede pensar, ser perfeccionista puede llevarnos a ser improductivos ya que en nuestra mente es claro que queremos alcanzar el resultado pero no aceptamos el resultado “sin errores” por lo cual tomamos más tiempo en la ejecución de una tarea  sacrificando el tiempo para otras que pueden tener igual grado de importancia, tendemos a no delegar y evitamos trabajar en equipo ya que sólo confiamos en que nosotros somos los únicos que podemos hacer un trabajo impecable.

Aunque ser perfeccionista lo podamos relacionar con la determinación, muchas veces el extremismo de todo o nada nos puede llevar a posponer las tareas sólo hasta cuando creemos que tenemos las capacidades suficientes, los recursos necesarios o las circunstancias ideales para ejecutarlo libre de errores y si dicha coincidencia no se llega a presentar, el miedo al fracaso puede paralizarnos para nunca hacerlo, lo que a la larga tendrá un efecto nefasto al no cumplir nuestros sueños.

Por el contrario si abrazamos el error como el mejor medio de aprendizaje, nos hará confiar en nuestra resiliencia sabiendo que si nos caemos nos podemos levantar cuantas veces sea necesario; disfrutaremos el presente sin quedarnos ronroneando con lo ya realizado y aprovecharemos las oportunidades  futuras sin miedo al fracaso teniendo como premisa que hecho es mejor que perfecto.

No podemos dejar de ser perfeccionistas de un día para otro, pero al aceptar este rasgo de personalidad que se imprime en todo lo que hacemos, podremos asumir nuestra vulnerabilidad siendo conscientes de vivir con mayor flexibilidad, aceptación y apertura, reconociendo nuestras fortalezas y debilidades para ser más felices, humanos, naturales y auténticos disfrutando con paz y tranquilidad de los diferentes matices que nos ofrece la vida.

“La perfección es una pulida colección de errores”

Mario Benedetti

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Concurso de Talentos

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Años atrás cuando aún me encontraba trabajando en el mundo corporativo, tenía una compañera contadora de profesión que ocupaba un cargo de gerencia media, risueña, algo tímida y un poco insegura al momento de tomar decisiones, sin embargo, había una situación donde tomaba el mando y era la Líder indiscutible.  Siempre que había alguna celebración especial, ella magistralmente se encargaba de toda la organización del evento, donde desde el regalo, pasando por la decoración y la comida eran ¡sublimes!

Su innegable habilidad para organizar, la pasión que demostraba en sus creativos diseños, el detalle en la planificación y la exactitud en la realización no pasaban desapercibidos, por lo cual pronto empezamos a pedirle ayuda para nuestros eventos personales lo cual sin dudarlo un minuto aceptaba.  Inicialmente ella quería sólo que cubriéramos el costo de los materiales que utilizaba, pero los resultados eran tan maravillosos que era imposible no retribuir a su trabajo, lo cual a regañadientes empezó aceptar.

Era tal el despliegue de talento que la empezamos a recomendar con nuestro círculo cercano de familiares y amigos y con el tiempo fue tal la demanda que se vio obligada a dedicarse a la actividad que ama a tiempo completo generando los ingresos que hoy le permiten vivir cómodamente.

Esta historia contada en estos cortos párrafos suena simple y fácil, sin embargo para la mayoría de nosotros descubrir nuestro verdadero talento nos puede llevar toda la vida o incluso no lo lleguemos hacer nunca, porque es algo tan obvio e innato en nosotros que ni siquiera se nos ocurre pensar que esto pueda ser un talento.

Si queremos descubrirlo es preciso entonces, empezar por cuestionar nuestras creencias, enfrentar miedos, salir de nuestra zona de confort, conscientemente  estar atentos aquello que realizamos espléndidamente y que los demás consideran único en nosotros, ya que generalmente es algo que no  auto-definimos como un talento e incluso menospreciamos, poco o nada se relaciona con la carrera que hemos escogido, la educación que hemos recibido o la ocupación que desarrollamos.

Inadvertidamente es aquello que siempre estamos de ánimo y dispuestos hacer, incluso si no nos pagan; lo sacamos adelante aún si presenta desafíos; el tiempo transcurre tranquilamente sin que nos demos cuenta cuando realizamos dicha actividad, nos sentimos felices y adicionalmente nos produce un profundo placer cuando  lo ponemos al servicio de los demás.

¿Ya descubriste tu talento?

“Todos piensan que tener talento es una cuestión de suerte, nadie piensa que la suerte puede ser una cuestión de talento”

J. Benavente

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¿Necesitas una Pausa?

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Crees que siempre debes estar haciendo algo y cuando no haces nada te sientes culpable. El estrés te embarga, sientes que ya no das más, duermes mal, te sientes insatisfecho, reaccionas con rabia ante la más mínima provocación, tienes olvidos frecuentes, te desconcentras fácilmente, te falta foco y tienes la sensación de no concluir nada. Sin darte cuenta puedes haber caído en el síndrome del hámster, el cual al ser un animal, sin cuestionar nada corre y corre en una rueda que no lo lleva a ninguna parte.

En nuestra sociedad hemos creado el culto a la vida rápida en donde estar ocupado significa ser importante, es un tema de conversación usual y sinónimo de productividad.  Por el contrario tener mucho tiempo libre tiene una connotación negativa. Es por ello que siempre estamos de afán y nuestros días transcurren entre una interminable lista de pendientes que crece con la sobrecarga de información que recibimos a cada momento al tener una conexión permanente con  la tecnología que nos recuerda mediante las llamadas, los mails, los mensajes y las notificaciones que no hay tiempo que perder.

Bajo éste panorama, no es extraño entonces que la productividad vaya en picada si a esto le agregamos que muchos de los ambientes laborales donde pasamos largas horas del día no se enfocan a los resultados sino al cumplimiento de un horario y promueven que las personas sean multitareas saltando de un tema al otro sin concentración ni foco, teniendo como consecuencia irremediable una fatiga mental crónica.

Paradójicamente, nuestro cerebro tiene más recursos inconscientes que conscientes, que solo salen a la luz si nos permitimos no hacer nada. Contrario a lo que podríamos imaginar, aun en este estado nuestro cerebro nunca deja de trabajar, por lo que el ocio mental está lejos de ser el desierto cognitivo que muchos creen.

Aseguran varios estudios científicos que diariamente es conviene distraerse, dejar los problemas a un lado y hacer otra cosa, en pocas palabras recomiendan que lo mejor que podemos hacer, es no hacer nada en lo absoluto y sólo entonces podremos ver nuestros problemas desde una nueva perspectiva.

Es precisamente en esos momentos donde afirman que se dan los instantes ¡Eureka! que implican mecanismos cerebrales únicos donde al divagar llega a nosotros la inspiración para resolver nuestros problemas más complejos, incentivar nuestra creatividad, enfocarnos y mejorar nuestra productividad.

Aunque para muchos, la simple idea de que los problemas necesitan desconexión y tiempo libre para ser resueltos puede sonar extraño y hasta tedioso, éste sencillo concepto puede tener un profundo impacto en la sociedad. Después de todo, la historia nos dice que fue disperso en una bañera donde Arquímedes comprendió el principio de la flotación, en una tarde relajada en un jardín cuando Isaac Newton concibió la teoría de la gravitación universal y  Paul McCartney relata que compuso Yesterday en el misterioso mundo de sus sueños.

¿Te animas entonces a intentarlo y hacer una pausa en tu día?

“No tengo tiempo para tener prisa”

John Wesley

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Educación Formal ¿Vale la Pena?

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Actualmente un título no es garantía de una carrera exitosa, los conocimientos que adquirimos pueden ser obsoletos al cabo de 5 años y todos sabemos que son necesarias las reformas en un sistema educativo que parece estancarse frente a los avasallantes cambios del mundo actual.

Sin embargo, más allá de debatir cómo debería ser el sistema educativo ideal lo cual es sumamente controvertido en las sociedades contemporáneas y de tener totalmente claro que el progreso de nuestras generaciones y las venideras pasa por su mejora, quiero focalizarme en la educación formal que tenemos.

Sería una absoluta incoherencia decir que no creo en la educación formal, porque fui educada en ella y en mi adultez decidí continuar mi formación en el sistema, lo que también espero para mi hija, pero ya no con la expectativa de generaciones pasadas en las cuales a mayor formación mejores oportunidades laborales y de ingresos, sino con el firme propósito que las experiencias vividas en su entorno, más allá del conocimiento adquirido la preparen para la vida misma.

Es precisamente en éste contexto donde sí que puedo afirmar que creo firmemente en la educación formal, pues basada en mi experiencia tuve la suerte de educarme en instituciones de libre pensamiento donde había respeto por la diferencia y se permitía la rebeldía, entendida ésta como como el resultado del cuestionamiento y la inconformidad que fomentaban el pensamiento crítico dentro de un ambiente de tolerancia frente a los diversos puntos de vista.

El debate nos obligaba a comunicar claramente una idea, que por consecuencia  impulsaba la curiosidad al no conformarse con una sola explicación y querer soportar de la mejor manera nuestros argumentos y la creatividad como medio de cambio al plantearse nuevas soluciones y crear otras posibles realidades.

Como instituciones que educan con un alto nivel de disciplina y exigencia, muchas de éstas experiencias me hicieron también aprender que nuestras decisiones tienen consecuencias, a ser más resiliente pues no hay otra forma posible de aprender a sobreponerse a la frustración que frustrarse, a fortalecer el carácter y ver los problemas como desafíos.

Así mismo, fue éste también el espacio donde aprendí que se pueden crear sinergias y que los resultados en conjunto son mejores y más satisfactorios que los individuales, a generar empatía por los demás, participar activamente en causas sociales, hacer entrañables amigos y conocer esos inolvidables maestros que nos inspiraron siempre para creer en nosotros, aprender, ser mejores y entender que significaba tener valores, actuar con ética y querer contribuir de forma positiva a la sociedad.

Así que si la educación que recibes va más allá de los simples conocimientos, promueve el libre pensamiento alejado de los dogmas, te prepara para la vida a través del desarrollo de competencias cognitivas, sociales y prácticas que permiten tomar decisiones informadas, te ayuda a interiorizar el aprendizaje como una habilidad permanente, te capacita para comunicar de forma eficaz y desenvolverte en un mundo global de completa incertidumbre como en el que vivimos actualmente, has respondido a la pregunta.

Finalmente no serán los conocimientos sino éstas experiencias educativas las que nos inspirarán y potenciarán nuestra capacidad de tener una vida satisfactoria, motivándonos a liderar la transformación positiva de las sociedades donde vivimos y crear desde el presente, el futuro que queremos vivir.

“El Aprendizaje es Experiencia, todo lo demás es Información”

Albert Einstein

 

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Redefiniendo el Éxito

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¿Qué imagen viene a tu mente cuando hablamos de una persona exitosa? Para la mayoría de nosotros la imagen de una persona exitosa viene de un concepto cultural aceptado y socialmente generalizado estrechamente relacionado con el poder, la fama, la belleza, la riqueza material y algunos patrones de consumo.

Sin embargo, son cada día más las personas que logran tener todo lo que se suponía los haría exitosos, entendiendo el éxito como un resultado feliz y satisfactorio, pero manifiestan que por el contrario sienten un gran vacío.

Paradójicamente al ver el éxito como la acumulación de poder, bienes materiales, riqueza monetaria, belleza y fama estamos persiguiendo una meta que es imposible de cumplir porque siempre habrá alguien con una mejor casa, un mejor auto, más rico, más bello, más poderoso, más famoso.  Una cumbre imposible de alcanzar, donde el concepto de éxito es masificado hábilmente por el marketing para vendérnoslo como un atributo para presumir a los demás.

Es allí donde fácilmente caemos al compararnos permanentemente con los demás y perseguir ascender en una pirámide socioeconómica con vidas impulsadas por el consumo donde se trabajan largas y extenuantes horas, en ocupaciones que poco nos gustan para terminar con más estrés, deudas, ansiedad, miedo, culpa e insatisfacción sin ni siquiera poder disfrutar de los bienes materiales adquiridos ni de lo realmente importante en nuestra vida porque no controlamos nuestro tiempo.

Si has adoptado inconscientemente como propia ésta noción de éxito pero no te sientes satisfecho, ¡es hora de cuestionar! teniendo en cuenta que nuestra felicidad no  debe depender de la necesidad de tener nada externo para sentirnos bien.  Sin las imposiciones sociales y partiendo de que no hay una sino diversas maneras de ser exitoso dependiendo del contexto en que vivas y del momento de tu vida en que te encuentres, libremente crea tu propia definición significativa de éxito que realmente te lleve a lograr tu único y personal resultado feliz.

“No te daña lo que te hace falta, sino la creencia de que lo necesitas”

Rafael Vidac

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Del Materialismo y otros Demonios…

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En el anterior post, una persona comentó que su creencia muy arraigada por su religión, es que “tener dinero la convierte en una persona materialista y la aleja de la espiritualidad”, lo cual afirma le había ocasionado muchos problemas y sufrimiento en su vida ya que nunca se había interesado por tener una sana relación con el dinero, no sabía administrarlo y sentía que sólo pasaba de una crisis económica a otra.

Al generosamente compartir su experiencia, pude reflexionar que ésta puede ser la creencia de muchos de nosotros ya que consciente o inconscientemente podemos estar viviendo con el mismo dogma, lo que me motivó a profundizar sobre el origen de ésta creencia lo cual nos traslada al Panteón de los Fenicios, donde Mammón era el Dios de las Riquezas y se relaciona con la palabras fenicia “mommon” que se puede interpretar como beneficio o utilidad, la palabra hebrea “matmon” que significa tesoro y traducida al arameo, Riqueza.

Como figura de demonio avaro hizo su debut en el Sermón de la Montaña en tiempos de Jesús donde él mencionó el nombre “Mammon” para simbolizar a las riquezas y el deseo por el dinero, lo que en un contexto bíblico se personificó como el demonio de la avaricia y el materialismo.  Mammón es entonces un demonio de carácter simbólico para personificar ciertas tendencias consideradas negativas en los seres humanos al priorizar lo material sobre lo espiritual.

Ahora bien, en esencia los seres humanos somos la unidad del cuerpo, la mente y el espíritu y en un sentido holístico debemos propender por el equilibrio de ésta triada. El materialismo entonces entendido como el excesivo apego a todo lo material rompe la armonía de ésta unidad.

Sin embargo, teniendo en cuenta que somos una mente y un espíritu en un cuerpo físico, la materialidad y la espiritualidad no riñen si no por el contrario podemos afirmar que son complementarias pues tenemos la necesidad de la materia para cubrir nuestras necesidades básicas.

El dinero como parte de lo material no es la excepción, pues la energía monetaria es indispensable y en un sentido práctico, éste es simplemente un bien de intercambio al que no podemos culpar y endilgarle connotaciones negativas como el control, la dominación, la corrupción, la desigualdad o la avaricia, pues somos los seres humanos los que elegimos qué hacer con éste recurso.

El dinero será entonces lo que nosotros decidamos hacer de él, pero si lo encasillamos como algo negativo estaremos negando parte del elemento material de nuestra triada, parte de nuestra esencia y no podremos evolucionar de manera integral ya que somos seres que necesitamos subsistir en un plano material.

Por el contrario si aceptamos y abrazamos nuestra esencia material como parte de lo que somos podremos dar un carácter espiritual al dinero desde como lo genero, lo administro, lo disfruto y lo comparto con las demás personas para contribuir al bienestar común con una profunda generosidad.

La Trampa del Ego

Si crees que eres más espiritual porque manejas una bicicleta al trabajo, pero juzgas a los que aún usan automóvil, caíste en la trampa del ego.

Si crees que eres más espiritual porque has dejado de ver la televisión porque te pudre el cerebro, pero juzgas a los que aún la ven, caíste en la trampa del ego.

Si crees que eres más espiritual porque escuchas música de meditación y sonidos de la naturaleza, pero juzgas a los que aún escuchan música de los medios masivos de comunicación, caíste en la trampa del ego.

Si crees que eres más espiritual porque eres vegano, haces yoga, usas cristales, sanas con reiki, lees libros de conciencia, pero juzgas a los que no son como tú, caíste en la trampa del ego.

Mooji

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