¿Cuándo Empieza tu Vida?

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Hace unos años recibí un seminario en la empresa donde trabajaba por parte de una persona que en su periodo previo a la jubilación le habían designado ésta capacitación dada toda la valiosa experiencia técnica que tenía y recuerdo que durante la misma nos contaba todos los planes y lo que quería hacer una vez se retirara.  Fue tan valioso lo que aprendí, que meses más tarde quise indagar si aún continuaba impartiendo el mismo seminario y quedé impactada cuando me dijeron que se había pensionado y murió tres meses después, pese a que aún era una persona muy joven y vital, con lo cual deduje que la vida no le había dado el tiempo de poder hacer todo aquello con lo cual soñaba.

Con eventos como éste es inevitable entonces pensar en la temporalidad de nuestra propia vida, sin embargo hasta ese entonces sin darme cuenta yo vivía inmersa en lo que consideraba una vida completamente normal y mis días transcurrían atrapada en el tráfico, en un empleo que distaba mucho de ser mi pasión, entre miles de pendientes, quehaceres, el estrés y el agotamiento, con poco tiempo para compartir con la familia y los amigos y una sensación de insatisfacción que de tanto en tanto afloraba a través de la irritabilidad y la queja.

Ahora entiendo que ésto era el resultado de centrar toda mi atención en el exterior, en todo lo que me hacía falta o no había alcanzado, proyectando mis pensamientos siempre al futuro por lo que aquello que aún no tenía se suponía me iba a permitir ser o lograr, en lo que la felicidad se resumía a un fin que siempre dependía de algo, títulos, bienes materiales, viajes, un ascenso, ganar más dinero o peor aún, de que las circunstancias o las personas a mi alrededor cambiaran a mi favor.

Expectativas por supuesto generadas desde un gran ego de qué, cómo, cuándo y dónde deberían suceder las cosas, traducidas en metas que tras ser logradas sólo me llevaban a seguir esperando mi felicidad en alcanzar la meta siguiente.

Al esperar siempre algo que no dependía de mí, ni tampoco estaba bajo mi control, estas contraprestaciones en muchas ocasiones no llegaron, colocándome en una posición de victima que siempre culpaba a los demás y a las circunstancias por sus frustraciones que paradójicamente eran generadas por mi propia pasividad, porque vivía una existencia  llena de concesiones continuas, desprendimientos que no quería hacer y miedos para hacer lo que realmente deseaba hacer, que me generaban desequilibrio, vacíos y decepciones por la contradicción.

Negando que todo era un autoengaño para mantenerme en mi zona de confort, viviendo en la incoherencia de hacer las cosas por las razones equivocadas y evadiendo la responsabilidad de que los resultados que obtenía eran sólo el producto de las decisiones que tomaba y los compromisos que asumía.

Al mismo tiempo que desconocía que es precisamente en la zona de confort, en el plano de todo  lo conocido y lo familiar en donde solo va a suceder lo previsible y seguro, atrayendo las mismas circunstancias y personas a nuestra vida porque condicionamos a nuestro cerebro hacerlo de ésta manera y no nos permitimos ver  ninguna posibilidad más allá de lo habitual y cotidiano que nos rodea.

Sin embargo, ahora sé a través de convivir con una enfermedad volátil como el lupus, que la vida es maravillosamente  imprevisible e imperfecta, con lo cual  he aprendido a abrazar la incertidumbre como parte normal de nuestra existencia, certeza con la cual me olvide entonces por completo de aplazar  y dejar mi existencia pasar ante mis ojos esperando un futuro inexistente y concentrando toda mi atención y energía en lo que realmente tiene importancia para mí, actuando decididamente sin pensar que el día de mañana será mejor que el día que estoy viviendo hoy, disfrutando conscientemente lo que ahora soy, hago y tengo, en lo cual sé que no hay mejor momento que ahora y teniendo la certeza que mi felicidad no depende de nada externo ni de un mañana que llegará,  porque la felicidad es una decisión en el ahora y no un fin que debamos esperar.

“Nuestros miedos no detienen a la muerte sino a la vida”

Elisabeth Kübler Ross

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¡Papá llegó a Casa!

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Algo que nuestros hijos nos recuerdan cada día es a disfrutar de las pequeñas cosas y momentos  de la vida como la bienvenida a papá cuando llega a casa.  Desde que era bebé y se acercaba la hora de su llegada, mi hija estaba pendiente de la puerta y una vez ésta se abría  y escuchaba su voz,  empezaba a mover sus pequeños brazos y piernas y reía desbordada por la emoción. Era imposible no sentir la alegría de éste momento tan dulce y disfrutar de los besos y abrazos del reencuentro.

Alegría que hoy ya mayor sigue expresando a través de los dibujos que le tiene de regalo, gritando de felicidad, corriendo a su encuentro y abalanzándosele emocionada para abrazarle cuando llega. Instantes invaluables en la vida que quedan grabados en la memoria de toda la familia para siempre y que preceden el momento del juego y la lectura de un cuento, donde indudablemente los padres tienen un estilo de comunicación e interacción que genera una amorosa complicidad, buen humor y diversión con sus hijos que los diferencia de la forma en que las madres interactuamos con ellos.

Diversidad que yo valoro enormemente ya que le proporciona a mi hija una experiencia más amplia y rica de interacciones relacionales contrastantes, porque ya sea que nos demos cuenta o no, nuestros hijos están aprendiendo, por pura experiencia, que todos los seres humanos somos diferentes, tenemos divergentes formas de ver el mundo y enfrentamos la vida de múltiples maneras. Entendimiento que es crítico para su desarrollo.

En adición, es indudable que los padres juegan y se relacionan de forma diferente, motivando a sus hijos a aventurarse más en el parque, montar en bicicleta, correr más rápido, enseñándoles que es posible arriesgarse y que muchas veces se puede fallar pero se puede volver a intentar; fortaleciendo su confianza,  motivándolos a ser independientes y a buscar un equilibrio saludable entre el riesgo y la aversión, aprendiendo una nueva forma de autocontrol cuando van comprendiendo el importante balance entre la timidez y la agresión y en general proveyéndoles de innumerables herramientas y fortalezas que los preparan para interrelacionarse más provechosamente con su entorno.

Claramente hoy muchos de nuestros hijos disfrutan de un padre con un rol más activo y enriquecedor que décadas atrás, ya que así como las mujeres hemos ido ganando terreno en muchos ámbitos y hoy jugamos un importante papel en nuestras sociedades, los hombres están trascendiendo el papel sombrío de padre de años atrás que los encasillaba sólo como padres disciplinadores y proveedores económicos y han pasado a tener más presencia en la vida de sus hijos a través de un mayor balance vida-trabajo que las generaciones precedentes.

Es así como hoy es común ver a papás en el parque con sus hijos, empujar una carriola por la calle, cambiar pañales, ir a la cita con el pediatra o asistir a la reunión del colegio y tenemos un importante número de padres en casa.  En general, padres muy comprometidos e involucrados en la crianza de sus hijos en todos los niveles.

Aspectos que no aportan a priori grandes beneficios económicos, pero si un impacto positivo en cada ser humano que hoy tiene el privilegio de disfrutar de un maravilloso padre presente en sus vidas y un incalculable beneficio en la formación y el apoyo de las nuevas generaciones que les permitirá contar con innumerables recursos para ver y comprender el mundo desde un espectro más amplio.

“Lo único que me importa en la vida es ser un buen padre, no puedo decirte que la oscuridad desaparezca del todo, sigue ahí, pero nunca me he visto tan cerca de la luz como en éstos tiempos.”

Johnny Depp

¡Feliz Día del Padre!

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La Riqueza Escondida en el Patrimonio Cultural

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San Juan La Laguna, Sololá, Guatemala. A simple vista un pueblo convencional, con una población que no sobrepasa los 15.000 habitantes, el cual enfrenta los desafíos habituales de cualquier pueblo latinoamericano sin embargo, como extranjera me maravillé por lo que allí encontré y como latinoamericana fue imposible no sentirme orgullosa por lo que en ésta población está sucediendo.

Tiene el privilegio dentro de otra docena de poblaciones de ubicarse en la orilla de la cuenca del Lago Atitlán, el cual está rodeado por los volcanes Atitlán, Tolimán y San Pedro, región con una impactante belleza natural y considerada además como  un santuario de la Cultura Maya Viva.

Para llegar tomamos una lancha desde la cercana población de Panajachel atravesando el lago, trayecto en el cual fue fácil darme cuenta porque el escritor británico Aldous Huxley lo comparó con el Lago Como en Italia y lo declaró como uno de los más bellos del mundo y constaté lo que muchos sospechan al afirmar que Antoine de Saint-Exupéry se inspiró en ésta paisaje para escribir algunos fragmentos de “El Principito”.

Sin embargo, aparte de la alucinante belleza del paisaje, lo que hizo mi visita especial a ésta población fue la extraordinaria organización de su gente y sus prácticas comunitarias que hacen resaltar en ésta población notorias diferencias frente a otras poblaciones, ya que pese a no tener grandes riquezas materiales, hacen tangible su progreso  y sostenible su futuro.

Desde que uno llega se siente la amabilidad y la acogida de su gente, sus calles están muy limpias y no hay hostigamiento de parte de ninguna tienda para comprar, lo que hace que caminar por el pueblo sea un deleite  y se pueda  percibir y apreciar tranquilamente la estética especial que se refleja en su murales y el arte que abunda en sus diferentes talleres y galerías donde se puede disfrutar de las obras de los pintores naif de la zona que a través de singulares técnicas plasman sus paisajes y vida cotidiana en su original forma de arte.

Es así como el tiempo transcurre rápidamente disfrutando de las diferentes experiencias que destacan por su respeto y amigable convivencia con el medio ambiente como la fábrica de chocolate artesanal que guarda los secretos milenarios de las semillas de cacao y las tejedoras que usan técnicas ancestrales revitalizadas y transmitidas de generación en generación, con lo cual desde una bola de algodón en crudo y un huso de madera devanan los hilos que luego tiñen de vibrantes colores con las cepas, hojas, plantas, semillas y raíces de diferentes plantas que luego tejen en telares atados a sus cuerpos, transformándolos en maravillosos textiles y prendas que hacen imposible no caer enamorados del sorprendente uso del color que imprimen en sus diseños.

Experiencias que además ponen de manifiesto el protagónico papel que las empoderadas mujeres tienen en ésta comunidad donde lejos de esperar que las soluciones lleguen en cabeza de terceros, actúan día a día para mejorar sus circunstancias, responsabilizándose totalmente por sus vidas  y las de sus hijos a través de las asociaciones de tejedoras donde aparte de generar un importante ingreso para sus familias y mejorar su calidad de vida, garantizan la asistencia de sus pequeños a la escuela, evitando que como pasa en otros lugares, éstos presa de la extrema pobreza deambulen por la calle pidiendo limosna, generando así un invaluable impacto en su futuro a través de la educación.

San Juan La Laguna a través de su creatividad, su innovación y su espíritu emprendedor, nos recuerda que la inspiración es parte de lo que somos como seres humanos y que el patrimonio cultural involucra el potencial de promover el reconocimiento, la tolerancia y el respeto por nuestra  diversidad cultural y su disfrute, creando sentido de pertenencia y manteniendo la cohesión social de nuestras comunidades a través de la ayuda mutua para un fin común.

Por otra parte, desde el punto de vista más pragmático aquí se demuestra que nuestro rico patrimonio cultural puede ser clave para que muchas comunidades puedan dejar atrás le extrema pobreza y ser la base económica para el sector del turismo en muchas de nuestras poblaciones, siempre y cuando éste se promueva desde una gestión equilibrada como potencial de desarrollo, con un enfoque de conservación y sostenibilidad que impidan que caiga en la sobreexplotación y por el contrario que se dé en un ambiente de respeto y prosperidad para todos, preservando la riqueza para las generaciones futuras.

Es así como mientras la mayoría de latinoamericanos hoy ponemos nuestra  visión afuera cuando de progreso se trata, ésta población es la prueba de que tal vez debemos mirar más hacia adentro, enseñándonos que nuestro rico patrimonio cultural en su más amplio sentido es a la vez un producto y un proceso que nos brinda como sociedad una fuente de recursos que se heredan del pasado, se crean en el presente y se pueden transmitir y aprovechar por parte de las futuras generaciones para su beneficio y progreso.

“Si quieres construir un barco, no empieces por buscar madera, cortar tablas o distribuir el trabajo. Evoca primero en los hombres y mujeres el anhelo del mar libre y ancho”

Antoine de Saint-Exupéry

¡Vive tu Vida!

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La mayoría de las personas entendemos la insanidad que conlleva compararnos con los demás y somos capaces de admitir que poco o nada bueno tiene como resultado porque generalmente no lo hacemos desde la admiración o la motivación.  Sin embargo, a menudo y casi imperceptiblemente nos encontramos comparando especialmente todo aquello que podemos ver externamente como el ingreso, el auto, la ropa, la casa o la belleza, lo cual es una carrera de vida sin fin donde la apuesta siempre es perdedora.

Adicionalmente al compararnos usualmente lo hacemos con lo que consideramos peor en nosotros y lo que asumimos es lo mejor en los demás, de ésta manera ponemos el foco en todo lo equivocado, drenando la energía para las cosas realmente importantes para mejorar nuestra propia vida  y haciéndonos sentir personas incompletas, atrayendo sentimientos de inferioridad, envidia y competencia.

Para agravar la situación, éste malsano hábito tiene  hoy en día en las redes sociales su mayor detonante, donde sin ni siquiera salir de nuestras casas, basta con revisar nuestro teléfono para empezar a compararnos y mantenernos enganchados por mucho más tiempo incitándonos a competir permanentemente por lo que tenemos o no frente a los demás.

Olvidándonos por completo que la mayor parte de las publicaciones solo involucran momentos felices o extraordinarios en la vida de las personas con una alta dosis de “maquillaje”, haciéndonos creer que nuestras vidas no son tan interesantes, apasionantes, felices y perfectas como las que publican otros,  reforzando a nivel inconsciente falsas expectativas e irreales estilos de vida, pero que  sin duda nos hacen  sentir unos seres incompletos.

Es así como hacernos sentir sistemáticamente seres incompletos funciona, alienta el consumismo y genera millonarias ventas creando falsos estereotipos y  haciéndonos creer que nunca somos lo suficientemente buenos porque siempre nos hace falta algo, un nuevo título, más belleza, mejor salud, un empleo con más sueldo, una pareja, perder kilos, un auto de lujo, una casa más grande, un nuevo vestuario, la última tendencia de decoración; información que sin darnos cuenta va quedando albergada en nuestro subconsciente  a través de la exposición recurrente a los medios que mediante la publicidad intencionalmente apelan a todos nuestros miedos e inseguridades.

Al vivir en una constante competencia con los demás hace que igualmente queramos encajar a la fuerza en alguno de los estereotipos sociales, proyectando una imagen de nivel de vida superior y un estatus que va en contravía a las posibilidades económicas reales que tenemos, teniendo como efecto colateral que tengamos en adición bajos o nulos niveles de ahorro para solventar cualquier circunstancia adversa e incluso que caigamos en peligrosos niveles de endeudamiento, ya que nunca el dinero será suficiente para competir en ésta carrera, pues siempre habrá alguien con más títulos, más bello, con un mejor ingreso, una casa más grande o un mejor auto.

No importa con quién comparemos nuestra vida, sus circunstancias siempre se verán mejor y por eso nos comparamos, pero por éste camino siempre llegaremos al final corto, donde no profundizamos en la trayectoria, los fracasos, el esfuerzo y el trabajo que le ha costado a esa persona llegar allí y sólo nos enfocamos en sentirnos miserables por nuestras carencias, haciéndonos además creer que la felicidad está en lo que creemos que ahora no tenemos, privándonos por completo de ver la abundancia en nuestra vida y de una actitud de gratitud y satisfacción por lo que ya somos, hacemos, hemos logrado y tenemos.

Hay muchos ámbitos donde la competencia es relevante, sin embargo, la vida no es una de ellas y al entender que su objetivo no es ser mejor que los demás sino ser una mejor y más auténtica versión de nosotros mismos pondremos nuestra atención y energía en la persona correcta, nosotros mismos, reconociendo que somos seres especiales y cada individuo es único; que aunque no seamos buenos en una cosa, somos extraordinarios en otras; que la riqueza o la pobreza material son estados cambiantes, que las etiquetas, los roles, los cargos y los títulos no nos definen ni son lo que somos, que la belleza física no dura para siempre y que la felicidad no nos la puede dar nada externo sino que está en encontrar el equilibrio interior y desde allí vivir siendo nosotros mismos.

“Tú eliges hacia dónde y tú decides hasta cuándo, porque tu camino es un asunto exclusivamente tuyo”

Jorge Bucay

Photo by Artem Beliaikin on Unsplash  Photo by Jurica Koletić on Unsplash

¿Madre Trabajadora o Madre en Casa?

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Todas las madres estamos familiarizadas con mensajes de todo tipo y provenientes de todas las fuentes acerca de la clase de madres que se supone debemos ser.  Padres y no padres, expertos y no expertos e incluso nosotras mismas como mujeres parecemos tener una opinión y juzgamos fácilmente lo que una buena madre debe ser y hacer o si por el bien de sus hijos estas deben trabajar o no. Lo que me resulta bastante particular, ya que poco interés o debate suscita opinar respecto a los mismos temas sobre los hombres en su rol de padres.

Sin embargo, sin darnos cuenta al estereotipar negamos la individualidad de cada madre y al juzgar, criticar y opinar sobre situaciones que desconocemos por completo simplemente reforzamos los mensajes que desvalorizan a la mujer y su rol de madre, como si éstas como adultas no estuvieran en capacidad de tomar sus propias decisiones acerca de su familia o no y tampoco tuvieran el derecho y la libertad para elegir sobre su vida y la forma en la cual crían a sus hijos.

Es así como escuchamos toda clase de etiquetas que desvalorizan el trabajo de las madres en casa restándole total importancia por su aparente bajo aporte económico a la sociedad, donde si tienen una posición socioeconómica privilegiada son mujeres “perezosas” y sin son mujeres de escasos recursos asumimos que son mujeres “sometidas”.  Lo paradójico es que si por el contrario son mujeres que trabajan fuera de casa, tampoco los juicios desaparecen suponiendo que son mujeres “egoístas” por ejercer sus carreras y “abandonar” a sus hijos al cuidado de otros.

Posiciones sociales que golpean la autoestima de muchas madres en casa y hacen sentir culpables a muchas madres que desean o deben trabajar, ya que incluso se llega a cuestionar temas tan profundos como si los hijos de cierto tipo de madres van a ser exitosos o son suficientemente felices.

Por ello si realmente queremos hacer un homenaje a las madres en su día debemos realmente reconocer y valorar el papel fundamental que tienen las madres dentro de la familia como base de nuestra sociedad y la próxima vez que nos sintamos tentados a opinar, criticar o juzgar, en su lugar maravillémonos con el amplio espectro de madres que tenemos en nuestra comunidad, madres en casa, madres emprendedoras, madres trabajadoras a tiempo completo, madres trabajadoras a tiempo parcial o en un punto intermedio entre las dos.

Ya que finalmente lo único realmente importante es el empeño que cada una de nosotras ponemos en ser madres y lo que cada una de nosotras sabiamente sabemos que nuestros hijos necesitan, teniendo la plena certeza que la crianza de nuestros hijos no es un debate y nunca hay una única respuesta que se acomode a cada situación, sino que lo que realmente cuenta es lo que hacemos desde el amor día a día y momento a momento por nuestros hijos y que aunque la vida es impredecible e imperfecta siempre hacemos lo mejor que podemos por ellos.

Teniendo la certeza que aunque no recibamos recompensas o reconocimientos externos, valores económicos o respeto a nuestra inteligencia, nuestros hijos nos ratifican que ejercemos uno de los roles más importantes en el mundo y que como miembros de nuestra comunidad y ejemplo para nuestros hijos, antes de estereotipar, juzgar, criticar o etiquetar a una madre, debemos proveerles el apoyo que necesiten para triunfar en su tarea, ya que como un todo que somos siempre tendremos como resultado una mejor versión de nuestra sociedad.

“Me gusta cuando mi madre me hace reír y me gusta más cuando yo la hago reír a ella.”

Adriana Trigiani

¡Feliz Día de las Madres!

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¿Nos Sirve la Queja?

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Todos nos quejamos como una forma de escape en algún momento y es normal como parte de la experiencia humana. Amaneció lloviendo, hay mucho tráfico, nuestro jefe, el gobierno, el perro del vecino que volvió hacer popo en nuestro césped, lo mal que nos atendieron en algún sitio, la canasta familiar que volvió a subir de precio, el dinero que no nos alcanza, la corrupción, así la lista continúa y puede ser infinita.

Indudablemente los problemas en el mundo son complejos y hoy sabemos por nuestra historia que nuestros derechos nunca están garantizados y que la queja es el principio de una protesta reivindicativa pues ciertamente ha sido parte importante del progreso social, pues la mayor parte de las luchas tienen su origen en ella.

Sin embargo, en nuestra vida cotidiana, ¿Qué sucede cuando éstas inconscientemente se vuelven omnipresentes y empiezan a inmiscuirse en casi cada momento de nuestra vida a través de pequeños lamentos? Poco a poco nos acostumbramos a quejarnos porque ciertamente implica beneficios, exteriorizamos nuestro malestar, frustración, emociones y pensamientos negativos; llamamos la atención y generamos la empatía de los demás que tienen la misma queja; nos victimizamos endilgando la responsabilidad y culpando a otros y hasta nos sirve como tema de conversación, el problema es que a pocos de nosotros el acto de quejarnos nos motiva a la acción para resolver los problemas.

Es así como cuando nos quejamos,  simplemente bombardeamos nuestro cerebro con información pesimista que crea una espiral negativa que sin darnos cuenta va alterando nuestro estado de ánimo y generando el hábito de ver el mundo que nos rodea sólo desde la queja y es por ello que centramos nuestra atención en todo aquello de lo cual nos podamos quejar, por lo cual cuanto más nos quejamos más motivos encontraremos para seguirnos quejando. Entonces sin ser conscientes la queja sólo se vuelve una declaración inútil en nuestra vida que no cambia nada, drena nuestra energía, impregna nuestro ambiente de negativismo contagiando a otros, nos produce estrés y ansiedad y desperdicia nuestro tiempo para la acción.

En éste orden de ideas, cuando decidimos conscientemente dejar de quejarnos, reencontraremos los caminos neuronales que nos llevan aceptar que aunque no podemos cambiar las circunstancias o las personas, si depende totalmente de nosotros la percepción y la actitud que asumimos ante la vida, trascendiendo la etapa del idealismo utópico de la queja al actuar decididamente en aquellas cosas que si podemos contribuir y enfocando nuestra energía en encontrar las soluciones que desde nuestras posibilidades puedan verdaderamente transformar positivamente nuestra existencia y la de los demás.

“No busques faltas, busca soluciones, cualquiera puede quejarse”

Henry Ford

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¿Qué es el Lujo?

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Hace unos días escuché a un abuelo contarle a sus nietos como su madre les relataba que cuando era niña carecía del suministro permanente de agua potable en la aldea donde vivía, por lo cual el uso del agua se priorizaba para las necesidades básicas y sólo podían permitirse un baño semanal para lo cual realizaban una larga caminata a la casa de su abuela donde además podían disfrutar de agua caliente. Fue inevitable entonces recordar cuando una amiga me contaba que igual situación atravesaron durante la guerra civil en su país, baño de agua caliente que ella describía como su mayor lujo bajo las terribles circunstancias que atravesaba en aquel momento.

Necesidades que hoy muchos de nosotros damos por sentado y no consideramos un lujo ya que una vez nuestras necesidades básicas están cubiertas y nuestras habilidades para obtener bienes lujosos externamente dejan de ser un reto, consumir pierde su relación con nuestro estatus y por consecuencia uno de sus propósitos, por lo cual como muchos otros conceptos nuestra definición de lujo evoluciona y no se limita a la calidad, costosos productos, o la elegancia.

Es allí donde incluso los expertos se ven en aprietos para definirlo desde que las clases privilegiadas hoy se rehúsan a exhibir marcas aspiracionales como símbolo de estatus haciendo tambalear su sostenibilidad y los millenials han creado el concepto de economía compartida al rechazar ser propietarios a través de la no adquisición de bienes como autos, casas o artículos suntuosos y por el contrario prefieren los servicios de alquiler.

Por consecuencia el nuevo lujo no necesariamente cuesta hoy  demasiado y puede estar más relacionados con valores culturales como leer ciertos libros, consumir productos orgánicos producidos localmente, usar cierto tipo de camisetas, tomar clases particulares o llevar cierto tipo de dieta.

Sabiendo esto la nueva élite ha cultivado entonces un sistema de valores sociales, ambientales y culturales que hoy prueban de manera más eficaz su estatus que las limitadas opciones que les brindaba la exhibición de costosas posesiones como muestra de movilidad social.

Como vemos, el lujo es actualmente un amplio concepto ambiguo que involucra la subjetividad personal de disfrutar de aquello no necesario ni imprescindible para sobrevivir, pero que sin perder su refinamiento hoy nos envía sutiles señales  de que la tranquilidad, la privacidad, el equilibrio, la disponibilidad de tiempo, dedicarnos a lo que nos apasiona y la habilidad de ir a donde queramos tienen más valor en un mundo hiperconectado, complejo y apurado donde valores como la libertad de vivir bajo nuestros propios términos trascienden el concepto de lujo como la sola adquisición de bienes exclusivos y suntuosos y se convierten en uno de los lujos más preciados, aspiracionales y envidiables por todos.

“El lujo es una necesidad que empieza cuando acaba la necesidad.”

Coco Chanel

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¿A más Opciones más Satisfacción?

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Años atrás me encantaba ver la variedad de productos en la tiendas y la disponibilidad permanente de opciones en el mercado y sin dudar que esto tiene enormes ventajas, con el pasar de los años, la madurez, la definición de un estilo de vida, el aumento de mi poder adquisitivo y la preferencia por disfrutar las experiencias más que de tener cosas,  mis decisiones de compra actualmente benefician más mis prioridades, la calidad y el uso del tiempo con lo cual comprar se ha transformado en una actividad secundaria pero más placentera y satisfactoria.

Hoy comprar dejó de ser una actividad imperativa u obligatoria y desapareció totalmente como una opción de ocio cuando no tengo nada que hacer, pues hoy es el resultado de una decisión consciente que surge de una necesidad verdadera de adquirir productos o servicios que me aporten un valor real.

Es así como a pesar de haber reducido las salidas a comer fuera de casa, hoy hacerlo es una actividad planeada que involucra descubrir espectaculares restaurantes donde el menú tiene pocas pero cuidadas y exquisitas opciones, con una esmerada y delicada elaboración teniendo como resultado platos extraordinarios que complementan la experiencia con un impecable servicio dentro de un plausible ambiente.

En igual sentido la experiencia de ir de tiendas la he simplificado  a la selección de unas cuantas boutiques con pequeñas colecciones de vestuario, zapatos y accesorios con particulares y únicos diseños y dedicada confección con pulidos detalles que compaginan perfectamente con mi estilo personal.

Así mismo hoy prefiero las secciones en los supermercados o los pequeños mercados donde abundan los alimentos naturales y saludables y se reduce la tentación de las innumerables opciones de los productos altamente procesados.

De ésta manera he priorizado la calidad sobre la cantidad, reduciendo la frecuencia de las compras y el número de productos que adquiero, eliminando la impulsividad por lo superfluo, aprovechando, usando y realmente apreciando los artículos que decido llevar a casa, con lo cual tener un número reducido de opciones me lleva a tomar decisiones más rápidas y efectivas con éste fin.

Lo cual a su vez es acorde con mis necesidades actuales, las de mi familia, mi hogar y mis finanzas, abriendo la puerta así a la frugalidad al inteligentemente vivir sin que falte nada, pero sin que sobre tampoco, encontrando un verdadero equilibrio en el consumo.

“Me gusta vivir pobre…pero con mucho dinero”

Pablo Picasso

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La Empatía es un Buen Negocio

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Hace un tiempo tuve que realizar un viaje aéreo con mi hija aún pequeña, para lo cual debía estar en el aeropuerto con 3 horas de anticipación para poder realizar sin afán todo el proceso de emigración. El itinerario tuvo un retraso ese día, lo que agregó 2 horas más  de tiempo sumadas a las  3 de vuelo. Una vez llegamos a nuestro destino pasamos en una 1 hora todos los controles migratorios  y acudimos a buscar nuestras maletas, proceso que nos tomó 1 hora adicional ya que en dicha aerolínea sin un ápice de empatía, los carruajes de los infantes no son una prioridad y salen en la banda hasta el final después de todo el equipaje.

Contraria a ésta experiencia, en la búsqueda de restaurantes para disfrutar de una comida agradable en familia, hemos encontrado varios lugares donde ser amigables con los niños realmente lo han tomado muy en serio con opciones de menús deliciosos y saludables para nuestros más pequeños, vajilla y cubiertos adaptados para sus edades, baños familiares y zonas seguras diseñadas para su entretención, donde todos podemos disfrutar de una agradable comida sin molestar a los demás comensales.

Comodidades que para los padres son invaluables, en lo cual el precio pasa a un segundo plano como factor decisorio pues sin lugar a dudas estaremos dispuestos a pagar más por tener estos beneficios. Así mismo, dichos restaurantes sin mayor esfuerzo van quedando en el “top of mind” de nuestros hijos,   lo que no es nada despreciable si se tiene en cuenta que hoy el 30% de las decisiones de compra en los hogares las toman los niños.

Así como éstos restaurantes han logrado generar una verdadera empatía con las necesidades de las familias que son sus principales clientes, otros negocios en la misma vía están creativamente haciendo lo mismo y es así como hoy encontramos productos para el cuidado personal que ya han incorporado el sistema braille para las personas con discapacidad visual, otros con apertura abre fácil para aquellos con pérdida de funcionalidad en sus manos, ambientes más silenciosos para personas neurodiversas o simplemente con sentido común han incorporado en sus instalaciones accesos para personas con movilidad reducida entre muchos otros ejemplos, con lo cual le abren la puerta a los más de 1000 millones de personas en el mundo que hoy tienen algún tipo de discapacidad.

Adicionalmente hoy sabemos que las personas mayores de 60 años,  superaron por primera vez en número a la población menor de 15 años, acercándose igualmente a los 1000 millones de personas y según proyecta la OMS, la población mayor de 80 años se incrementará casi cuatro veces hasta alcanzar los 395 millones en el 2050  en un hecho sin precedentes en la historia.

Datos que han hecho volcar los esfuerzos de muchos empresas a empatizar con ésta población donde han ido más allá de simplemente crear una fila de atención preferencial y como en una conocida cadena de supermercados americana enfatizan en una atención mucho más amable y sin prisas donde pueden tranquilamente conversar con la persona que los atiende y tomarse el tiempo que requieran para hacer el registro y pagar sus productos creando una conexión más humana.

Teniendo en cuenta que varias investigaciones indican que el 68% de éstas personas prefiere seguir viviendo en sus hogares pero requieren de ayudas, muchas empresas hoy ofrecen servicios seguros y confiables de salud en casa con apps que les permiten recordar sus horarios de toma de medicamentos e intuitivamente pueden detectar situaciones de peligro alertando a los servicios de emergencia y otras por su parte complementan ofreciendo servicios de limpieza y alimentación en sus hogares.

Así mismo, en contravía de lo que hace el sector tecnológico, hoy en el mercado europeo se ofrecen teléfonos que intencionalmente no  son smartphone para adaptarse a las necesidades de éstos clientes, con un manejo más sencillo, larga duración de batería  y pantallas y teclados más gran grandes especialmente diseñados para ésta población.

Adicionalmente, ya que más del 60% afirma haberse sentido muy solo en algún momento, hoy se ofrecen innumerables servicios culturales, deportivos y de entretenimiento donde se promueve la socialización incluso sin salir de casa y en caso de requerir salir de sus hogares ya existen servicios de transporte especializado más amables, seguros, confiables, totalmente adaptados para la movilidad reducida, muchos de los cuales son amigables también con sus mascotas.

En un mundo ajetreado, complejo y con un alto nivel de incertidumbre como en el que nos movemos hoy y en consecuencia altamente competido para los negocios, la empatía puede ser entonces ese factor diferenciador que lleve a una empresa a sobresalir frente a su competencia,  a través de hechos positivos que conectan emocionalmente con sus clientes y quedan grabados en la memoria para siempre, haciéndoles sentir realmente importantes, generando un sentimiento de gratitud que les garantiza la sostenibilidad en el tiempo cuando sin limitarse a inundarnos de campañas publicitarias, realmente perciben como pensamos, sentimos y qué esperamos como clientes.

“La más básica de las necesidades humanas es entender y ser entendido. La mejor forma de entender a una persona es escucharla”

Ralph Nichols

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¿Ranking Social o Confianza?

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Esta es una buena pregunta cuando de nuestras decisiones de compra se trata, ya que investigaciones en múltiples campos hoy plantean que no somos los que decidimos  sino que es el contexto el que decide por nosotros lo que se manifiesta en reacciones rápidas, inconscientes e intuitivas que tenemos al consumir.  Esto no es nada nuevo, pero ¿qué sucede cuando somos constantemente manipulados?

Hoy sabemos que pese a que las reseñas son en muchas ocasiones una herramienta útil para la toma de decisiones, éstas son muchas veces inescrupulosamente compradas por las empresas, que muchos de los reconocidos influenciadores han pagado a sus falsos seguidores, que algunas redes sociales han  utilizado deliberadamente nuestra información para sus intereses y que muchas empresas han organizado eventos donde la mayoría de los asistentes reciben una compensación por mostrar interés en el mismo.

Sin embargo, mientras más empresas centran su atención en su ranking social y entran en el juego de querernos manipular como consumidores, el resultado es todo lo contrario ya que cada vez más ante la desconfianza nos mostramos más escépticos y cautos en consumir nuevos productos o marcas y tendemos a buscar lo conocido por experiencias previas reconectando con los atributos que profundamente recordamos.

Seamos nativos digitales o no e independientemente del medio que utilicen las empresas para su comunicación, para todos es fácil identificar aquellas marcas que hacen parte de nuestra historia personal por la calidad que imprimen a sus productos y servicios dejando así un legado que trasciende generaciones, e influye realmente en lo que decidimos centrar nuestra atención y adquirir una y otra vez, con lo cual se demuestra que aunque hoy el mundo ha cambiado, es la confianza y no el ranking social lo único realmente capaz de crear una conexión emocional verdadera que perdura en el tiempo.

“La tecnología reinventará los negocios, pero las relaciones humanas seguirán siendo la clave del éxito”

Stephen Covey

 

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