La Riqueza Escondida en el Patrimonio Cultural

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San Juan La Laguna, Sololá, Guatemala. A simple vista un pueblo convencional, con una población que no sobrepasa los 15.000 habitantes, el cual enfrenta los desafíos habituales de cualquier pueblo latinoamericano sin embargo, como extranjera me maravillé por lo que allí encontré y como latinoamericana fue imposible no sentirme orgullosa por lo que en ésta población está sucediendo.

Tiene el privilegio dentro de otra docena de poblaciones de ubicarse en la orilla de la cuenca del Lago Atitlán, el cual está rodeado por los volcanes Atitlán, Tolimán y San Pedro, región con una impactante belleza natural y considerada además como  un santuario de la Cultura Maya Viva.

Para llegar tomamos una lancha desde la cercana población de Panajachel atravesando el lago, trayecto en el cual fue fácil darme cuenta porque el escritor británico Aldous Huxley lo comparó con el Lago Como en Italia y lo declaró como uno de los más bellos del mundo y constaté lo que muchos sospechan al afirmar que Antoine de Saint-Exupéry se inspiró en ésta paisaje para escribir algunos fragmentos de “El Principito”.

Sin embargo, aparte de la alucinante belleza del paisaje, lo que hizo mi visita especial a ésta población fue la extraordinaria organización de su gente y sus prácticas comunitarias que hacen resaltar en ésta población notorias diferencias frente a otras poblaciones, ya que pese a no tener grandes riquezas materiales, hacen tangible su progreso  y sostenible su futuro.

Desde que uno llega se siente la amabilidad y la acogida de su gente, sus calles están muy limpias y no hay hostigamiento de parte de ninguna tienda para comprar, lo que hace que caminar por el pueblo sea un deleite  y se pueda  percibir y apreciar tranquilamente la estética especial que se refleja en su murales y el arte que abunda en sus diferentes talleres y galerías donde se puede disfrutar de las obras de los pintores naif de la zona que a través de singulares técnicas plasman sus paisajes y vida cotidiana en su original forma de arte.

Es así como el tiempo transcurre rápidamente disfrutando de las diferentes experiencias que destacan por su respeto y amigable convivencia con el medio ambiente como la fábrica de chocolate artesanal que guarda los secretos milenarios de las semillas de cacao y las tejedoras que usan técnicas ancestrales revitalizadas y transmitidas de generación en generación, con lo cual desde una bola de algodón en crudo y un huso de madera devanan los hilos que luego tiñen de vibrantes colores con las cepas, hojas, plantas, semillas y raíces de diferentes plantas que luego tejen en telares atados a sus cuerpos, transformándolos en maravillosos textiles y prendas que hacen imposible no caer enamorados del sorprendente uso del color que imprimen en sus diseños.

Experiencias que además ponen de manifiesto el protagónico papel que las empoderadas mujeres tienen en ésta comunidad donde lejos de esperar que las soluciones lleguen en cabeza de terceros, actúan día a día para mejorar sus circunstancias, responsabilizándose totalmente por sus vidas  y las de sus hijos a través de las asociaciones de tejedoras donde aparte de generar un importante ingreso para sus familias y mejorar su calidad de vida, garantizan la asistencia de sus pequeños a la escuela, evitando que como pasa en otros lugares, éstos presa de la extrema pobreza deambulen por la calle pidiendo limosna, generando así un invaluable impacto en su futuro a través de la educación.

San Juan La Laguna a través de su creatividad, su innovación y su espíritu emprendedor, nos recuerda que la inspiración es parte de lo que somos como seres humanos y que el patrimonio cultural involucra el potencial de promover el reconocimiento, la tolerancia y el respeto por nuestra  diversidad cultural y su disfrute, creando sentido de pertenencia y manteniendo la cohesión social de nuestras comunidades a través de la ayuda mutua para un fin común.

Por otra parte, desde el punto de vista más pragmático aquí se demuestra que nuestro rico patrimonio cultural puede ser clave para que muchas comunidades puedan dejar atrás le extrema pobreza y ser la base económica para el sector del turismo en muchas de nuestras poblaciones, siempre y cuando éste se promueva desde una gestión equilibrada como potencial de desarrollo, con un enfoque de conservación y sostenibilidad que impidan que caiga en la sobreexplotación y por el contrario que se dé en un ambiente de respeto y prosperidad para todos, preservando la riqueza para las generaciones futuras.

Es así como mientras la mayoría de latinoamericanos hoy ponemos nuestra  visión afuera cuando de progreso se trata, ésta población es la prueba de que tal vez debemos mirar más hacia adentro, enseñándonos que nuestro rico patrimonio cultural en su más amplio sentido es a la vez un producto y un proceso que nos brinda como sociedad una fuente de recursos que se heredan del pasado, se crean en el presente y se pueden transmitir y aprovechar por parte de las futuras generaciones para su beneficio y progreso.

“Si quieres construir un barco, no empieces por buscar madera, cortar tablas o distribuir el trabajo. Evoca primero en los hombres y mujeres el anhelo del mar libre y ancho”

Antoine de Saint-Exupéry

¿Por qué viajar nos transforma?

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Una de mis grandes pasiones en la vida es viajar, es de aquellas cosas que como dice el comercial “no tienen precio”. Mi experiencia empieza desde el mismo momento en que decido viajar y empiezo a planear; días o incluso meses antes ya me embarga la emoción de descubrir todo lo que hay que conocer y es tanto mi entusiasmo que la noche anterior generalmente no puedo dormir.  Ya en el avión, tren o vehículo no hay marcha atrás, tomo un respiro y ¡Comienza la aventura!

Más allá de hacer turismo, para mi viajar ha sido una de mis mejores escuelas de vida ya que al salir físicamente de mi entorno habitual, me obliga a desapegarme de todo lo conocido, salir de mi zona de confort y explorar lo nuevo, teniendo como consecuencia natural una mayor creatividad y expansión de mi forma de pensar al hacer nuevas conexiones neuronales, en pocas palabras “abrir mi mente”.

Me hace más humilde al ver la magnitud de nuestro planeta, más tolerante y menos ignorante al desvirtuar todos los paradigmas y prejuicios que pude tener frente a un país, religión o cultura al permitirme conocerlas realmente y  darme cuenta que son precisamente esas diferencias las que hacen alucinante y extraordinario el mundo en que vivimos.

He aprendido a valorar lo que tengo y descubrir lo que es susceptible de mejora, al conocer personas que viven realidades diferentes a las nuestras y tener un punto de vista más reflexivo sobre nuestra propia realidad, nuestros valores y el respeto por las normas.

En los viajes no todo es perfecto ni sale como lo planeamos, lo que me ha obligado a fortalecer mis capacidades de resolución de problemas, toma de decisiones,  adaptación, flexibilidad, volviéndome una  persona más paciente, recursiva, confiada y segura de mi misma.

A través de las experiencias en los diferentes lugares me he encontrado más curiosa y abierta aprender, pues reconozco que no sé tanto como pensaba, ya que hay un mundo más allá del que me han contado o he leído.  Viajar es un descubrimiento interior del que nunca regresarás siendo el mismo.

“El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes, sino en tener nuevos ojos”

Marcel Proust

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